“Crossfiter” por un día

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Foto: monalisas.no/dont-talk-dont-think-just-do-it/

Hasta hace no mucho un ciudadano medio no sabía si el Crossfit era una novedosa modalidad de entrenamiento o un nuevo menú del McDonals. Ahora no dejan de habilitarse naves industriales para improvisar un box donde llevar el cuerpo al límite.

Pretendía hacer una entrada documentada, profundizando sobre los beneficios o perjuicios reales y adictivos de esta sorprendente disciplina que está amenazando al gimnasio tradicional. ¿Saben los practicantes los riesgos para su organismo de entrenar tantas capacidades físicas a la vez? ¿Están los monitores cualificados para asesorar a tanta gente sobre una práctica física tan reciente y poco estudiada? Pretendía buscar respuestas a este tipo de cuestiones sencillas, pero mi labor de documentación se frenó en seco cuando descubrí que ya existen los “Crossfiters”. He desarrollado cierta repulsión a los términos que engloban a un grupo de gente afín a algo añadiéndoles –ers. Primero fueron los “Believers”, luego los “gemeliers”, y ahora llegan los “Crossfiters”. Sé que es ir contra natura, pero a mí esto de etiquetar así a los fanáticos de algo o alguien me suena a secta de barrio. Por ello decidí escribir desde la ignorancia de alguien que sólo ha probado algo una vez. Sí, fui “Crossfiter” durante un día (bueno, durante una hora), y voy a contaros mi experiencia.

Cada vez que escucho la palabra “Crossfit” agudizo el oído. Me sorprenden las conversaciones que se crean alrededor de este término, y he asistido a muchas de ellas. “Sí, tengo que probarlo”, respondía dando largas cada vez que un amigo intentaba arrastrarme a una sesión gratuita de este tipo de entrenamiento que “me engancharía desde el principio”. Mis “colegas” se convertían en pavos reales cuando hablaban de sus progresos semanales, aunque yo en realidad sabía que estaban invadidos por la moda y que su fiebre por el Crossfit duraría lo mismo que la de hace unos años por el fitness. Así ha sido en la mayoría de casos.

En grupo cualquier esfuerzo parece menor y nuestro instinto competitivo aflora antes que desafiándose a uno mismo.

imagesPor fín me decidí. La magia del Crossfit radica en que es menos rutinario y aburrido que otros entrenamientos más estáticos. La gente quiere ponerse fuerte y además divertirse, algo muy lícito. Además, en grupo cualquier esfuerzo parece menor y nuestro instinto competitivo aflora antes que desafiándose a uno mismo. Era un grupo reducido, y nada más entrar por la puerta localicé todos los estándares de “Crossfiter” entre los que tenía que hacerme un hueco. Estaba el típico chico que tiene en su armario más camisetas de tirantes ajustadas que calzoncillos. También estaba el habitual guaperas cuya estancia en la clase se centraba en coincidir con alguna de las dos chicas monas apuntadas a las que se intentará ligotear en la primera cena de Crossfit que organicen. Dos chicas monas que necesitan llenar su ego histriónico en una clase mayoritariamente masculina. Pero el que me recibió fue el típico parlanchín, uno de esos que en su día confundió el Crossfit con el Mcflurry, pero que ahora es un erudito que adoctrina al resto con su gran sabiduría. En todos los grupos hay un líder, y entre los “Crosffiters” que tuve el gusto de conocer también di con él; ni fibroso ni culturista, un simple cuerpo de revista que le permite ser el mejor en todas las pruebas y así llenar el resto vacíos de su existencia. Luego estaba el típico traidor, que antes de ser “crossfiter” fue runner, ironman y practicó todo tipo de especialidades, pero que ahora defiende a capa y espada su reciente adicción. El siguiente y último en analizar es mi amigo, el que me llevó hasta allí sin saber que le utilizaba para mi experimento social. Él bastante tenía con reírse de mi torpeza y recordarme las agujetas que tendría durante la semana.

Entre todos ellos, tuve que situarme como el típico “Crossfiter” pardillo con buenas intenciones. Algún día os contaré el resto, que la entrada me está quedando larga. Si no lo habéis hecho, probad, y convertiros en “Crosffiters” por un día. Luego me contáis.

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