De Anoeta a Balaidos pasando por Berlín

La goleada del Celta al Barça eclipsó la jornada intersemanal. El equipo de Luis Enrique vuelve a perder a domicilio en Liga desde que cayera en Anoeta en aquel partido que varió el devenir de la temporada. Entre ambas derrotas, el Barça se ha deslizado sobre una cuerda floja, que sin embargo parecía revestida del acero más resistente. Como un funambulista, Luis Enrique mantuvo el equilibrio llevando al Barça a Berlín, escenario donde rubricó un inimaginable triplete. Ayer, ante su ex equipo, se repitió la pesadilla de San Mamés. Se volvió a ver a un Barça superado, desecho en defensa, negado en ataque y titubeante en la portería. La cuerda, ahora sí, más floja que nunca.

Dibujo

El Celta celebró y dibujó a un Barça cabizbajo. FOTO/ laliga.es

El Celta hizo cabriolas con el Barça. Le ganó cada duelo individual, le superó en intensidad, le birló el balón y le ahogó con la presión. Nolito mareó por la izquierda a Dani Alves, único que puso carácter pero adoleció de disciplina táctica. A la media hora dibujó un derechazo colocado que se elevó sobre el metro noventa de Ter Stegen. El alemán pide a gritos la vuelta de Bravo que le permita refugiarse en la suplencia. Sin tiempo de asumir el golpe, Piqué, aturdido por el ajetreo mediático que le ha mantenido en el foco durante su sanción, regaló el segundo a Iago Aspas, que ya lleva más goles que todos los recambios de Bacca en el Sevilla, donde el gallego nunca fue opción para Unai Emery.

Al Barça le faltó hasta la pegada que sí tuvo otros días para meterse en el partido. Sergio desvió cada intento de Neymar, y el poste repelió la ocasión de Messi, asistido por un Iniesta que puso los únicos destellos de inspiración de un Barça desanimado. Tras un corner a favor, Alves se distrajo en el cierre, dejando vía libre para que Aspas firmara su doblete. A partir de ahí, la desesperación inundó al Barça, acumulando errores y concesiones que hacían imparable el descalabro. Mathieu hizo aguas como lateral demostrando que Jordi Alba no tiene rotación en esta plantilla. Busquets se contagió de la frustración general, perdiendo balones delicados y dejando su puesto a Rakitic, que entró demasiado tarde. Tampoco apañó mucho Munir, que suplió a Sergi Roberto, que sin ser de los peores, volvió a evidenciar sentirse más cómodo en el lateral.

Y en punta se constipó el triplete. Messi no apareció ni a tirones, Suárez no notó el descanso que tuvo ante el Levante y Neymar ofreció su lado más anárquico a pesar de firmar el único gol barcelonista, demasiado tardío para albergar cualquier esperanza. El 4-1 fue justo para un Barça que sufre un segundo aviso de lo que le puede esperar hasta enero con una plantilla limitada y sin opción de mejora. Balaidos puede volver a ser una estación de paso, como Anoeta, o convertirse en el inicio de un túnel sin luz en el horizonte.

Para acabar, os dejo mis puntuaciones de la jornada:

fff

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