La bandera del odio

piquéCALDERON

A la izquierda José Manuel Calderón se envuelve en la bandera extremeña para desear a sus seguidores “Feliz día de Extremadura”. A la derecha Gerard Piqué posa con su hijo y desea a sus seguidores una “feliz diada de Cataluña”. Podéis jugar a buscar las siete diferencias comparando ambas fotos, pero no veréis ninguna. Se trata de dos deportistas orgullosos de las riquezas de su Comunidad Autónoma, sin tapujos para expresarlas el día que el calendario marca para ello. Ambos son mediáticos y representan a España en fútbol y Baloncesto, pero mientras la foto del base de los Knicks se ha derretido en la indiferencia, la del defensa del Barça se ha utilizado como arma arrojadiza para promover una persecución en su contra. Sé lo que estáis pensando, Cataluña vive un proceso separatista y Extremadura no, lo que supone un matiz decisivo para interpretar ambas imágenes. Aún así, ¿merece Piqué por este tipo de apariciones que se le acuse de independentista, antiespañol o mercenario que acude a la selección por dinero? Su ambigua postura al respecto sólo es un argumento más al que se agarran aquellos que se envuelven en la bandera del odio y la envidia. Una bandera teñida de un patriotismo moderno que guardaban en el cajón hasta hace poco. Ese nacionalismo exacerbado no cuela cuando esconde inquina personal hacia alguien. ¿Odian los catalanes a los españoles? ¿Odian los españoles a los catalanes? Intentad responderos con franqueza esas dos cuestiones.

La persecución a Piqué es descabellada. Desde que se concentró la selección y se diluyó el “caso De Gea” no se ha debatido de otra cosa. Han arreciado imágenes de los numerosos delitos de Piqué, tanto recientes como pretéritos que parecen no prescribir nunca a ojos de quién acumula infracciones para retratar a su víctima. “Censuráis los pitos a Piqué, pero no hubo tanta contundencia cuando se pitó al himno”, acusan los verdugos del jugador del Barça y la Selección, localizando una doble vara de medir que son incapaces de apreciar en su propio proceder. ¿Acaso los que se indignaron cuantiosamente con la falta de respeto al Himno lo hacen de igual manera con los pitos a Piqué? “No se le debe tapar tanto y habría que hablar más del tema”, he llegado a escuchar esta semana. ¿Más? ¿Se puede hablar más de esto? Sólo me lo pregunto.

DibujoLa hostilidad hacia Piqué proviene más de los medios que de las actitudes del futbolista. Son las horas de espumarajos y la repetición sucesiva de las fechorías de Gerard las que contagian al aficionado, moldeable y títere de los medios y los políticos (de cualquier bando), que se sirven del deporte y los deportistas para defender su postura. Lo último es la campaña que reza #LaGranPitadaAPiqué enfocada a la visita de la selección a Alicante. No se me ocurre calificativo para definir la repugnancia que me suscita una iniciativa tan rastrera que por el momento no han encontrado denuncia en los medios. Yo soy alicantino, y no pienso pitar ni a Piqué ni al himno español. Ambos son símbolos, uno de nuestro deporte y otro de nuestro país. Aunque como ya dije en otra ocasión, si tuviera que silbar a alguno, intuyo cual sería mi elección. Porque en semanas como estas me avergüenzo del país en el que vivo, del que surgen patriotas a puñados como zombis en The Walking Dead. ¡Un poco de cordura, por favor!

El otro argumento de moda es el de no representar a España si se apoya la independencia o el derecho de Cataluña a decidir al respecto. Numerosos deportistas catalanes han engrandecido nuestro deporte, representando a la única opción viable para ellos. Veo a Guardiola celebrar el gol de Koeman en Wembley y el de Alfonso en la Eurocopa del 2000 y me pasa como con la foto de arriba, soy incapaz de hallar las diferencias. El odio invade al país y desde los medios se propaga en lugar de actuar como apagafuegos. Se persigue a los dudosos como Piqué, pero también a los cándidos como Del Bosque. Vicente es un ente extraño intentando unir él sólo lo que el mundo se obstina en separar. Y por supuesto, no se lo van a poner fácil.

Y acabo con un párrafo de Paul Tenorio, en el que define a Piqué (aquí artículo completo). Decidme si estoy loco y soy yo el único que detecta odio, rencor y envidia tras tanto parloteo.

“Me van a entender sin problemas si les digo que Piqué no es otro que el gracioso de la última fila de clase, pero que tenía lo mismo de divertido que un desahucio. Es el que hacía las bromas pesadas a los más débiles para sentirse popular. Es el que, abandonada la edad para hacer estas cosas, sigue apretando los botones de todos los pisos del ascensor sólo para joder. Es el chulo que ocupa dos plazas con su flamante deportivo para que nadie ose aparcar su cuatro latas al lado. Es a quien no se puede multar, porque él sí es alguien mientras que tú eres un pobre empleadillo sin lugar donde caerte muerto. Es el típico triunfador que se ríe del mundo porque piensa que lo tiene en las manos, aunque no se labró el éxito a pulso, sino que le vino impuesto. Es el que sólo sabe reafirmarse en la victoria arrojándosela a otro a la cara. Un maleducado más, desconocedor de que en el deporte y en la vida, no sé si más importante pero desde luego mucho más difícil que ganar, es saber hacerlo con clase y dignidad. Es un futbolista metido a política sin haberse leído en su vida ni un prospecto. Es un canterano a quien, tras 13 años en el Barça entre sus dos etapas, ni sus compañeros quieren como capitán. Es un famoso y popular millonario, guapo y buen jugador… por quien no me cambiaría jamás. Únicamente un Narciso detrás de un fajo de pasta y un espejo. Ése es Gerard Piqué.”
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