El verdadero Tour de Chris Froome

Era una sonrisa descompuesta por la emoción. Sus ojos centelleaban inquietos, ensombreciendo una mirada perdida en el horizonte. Su Maillot amarillo ha ido destiñendo con cada acusación y tras cada agravio. Han sido muchos e inaceptables. Viendo a Chris Froome en el podium me dí cuenta de la pérdida de credibilidad que ha sufrido el ciclismo. Sentí una alegría compasiva por el reciente ganador del Tour de Francia; la alegría por el que gana merecidamente una carrera tan exigente y la compasión por el que debe malgastar energías en defenderse y no en celebrar su triunfo.

podium

La mirada perdida de un ganador sin honores

Froome, simplemente, ha sido el mejor. Aguantó una primera semana de desgaste llegando líder a la contrarreloj por equipos. Dio una exhibición en la primera etapa pirenaica para luego dejarse arropar por su equipo. Dio la cara en las bajadas y aguantó las embestidas alpinas del Movistar. Aunque las embestidas más duras vinieron en forma de continuas e injustificadas acusaciones de todo tipo. No imagino el desgaste mental en carrera que debe suponer el hecho de tenerse que justificar cada etapa por ser el más fuerte. Estoy seguro que esa erosión diaria e interesada afectó al británico y al Sky la última semana. Esa es la única manipulación incuestionable en este Tour de Francia.

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Froome, el indiscutible campeón del Tour 2015

Froome hizo una exhibición en la Pierre Saint Martin. Recordó a los tiempos de Armstrong. Entiendo que las expectativas puestas en un Tour con tanto cartel se vieron amenazadas en la primera etapa de montaña, pero ello no justifica lo que vino después: “Claramente, Froome, Porte y el Sky están muy fuertes. ¿Demasiado fuertes como para estar limpios? No me preguntéis, no tengo ninguna pista”. Así se despachaba Lance, dejando el testigo a quién quisiera agarrarlo. No tardó en hacerlo Karl Vannieuwkerke, periodista especializado en ciclismo de la televisión belga: “No lo puedo evitar, cada pedalada de Froome me hace pensar en la cadencia de Armstrong”. El siguiente fue Cédric Vasseur, ex corredor francés y ahora comentarista televisivo: “Da la impresión de que la bicicleta va sola. Es sorprendente e incluso desalentador para sus adversarios. Da la impresión que él (Froome) está en dificultades y, de repente, vuela”. Se refiere al dopaje mecánico o tecnológico, el nuevo término para definir la utilización de posibles motores o baterías minúsculas colocadas en el cuadro de la bicicleta o en las ruedas para facilitar el pedaleo y ofrecer propulsión al ciclista. La polémica saltó tras la publicación de un vídeo de la victoria de Froome en Mont Ventoux 2013 acompañado de datos de rendimiento (ritmo cardíaco, frecuencia de pedalada, velocidad) que traslucían resultados sospechosos. “Creemos que alguien ha hackeado los datos de entrenamiento de Chris Froome”, denunciaba al respecto Dave Braislford, jefe del equipo Sky.

Manipulado o no, sorprende que el vídeo saliera a mitad de Tour de Francia cuando la carrera podía perder interés con la existencia de un líder muy destacado. “Lo importante son los datos del vídeo y el hecho de que las personas que saben de ciclismo, o los que no saben, lo vean y saquen conclusiones por sí mismos”, comentó al respecto Antoine Vayer, ex técnico del equipo Festina. Este contexto, promovido por la opinión pública y el entorno ciclista empujó al maillot amarillo del Tour y su equipo (al que se acusó de tener las caravanas más lujosas y directores que conducen relucientes Jaguars) a un abismo en llamas fuera y sobretodo dentro de la carretera. Se desataron insultos, abucheos y escupitajos contra Froome, al que se le llegó a lanzar un bote de orina mientras se le tachaba de “dopado”. También su compañero Richie Porte aseguró sufrir una agresión en una de las etapas de los pirineos. El Sky y su líder tuvieron que hacer frente a los ataques de Quintana, Valverde, Níbali o Contador, pero también a otras acometidas de salvajes aficionados que desprestigian el Tour de Francia. “Ya no estamos en la época de Armstrong, no estamos en el lejano oeste que era el ciclismo hace diez o quince años y por ello no hay razón para que se mantenga el mismo nivel de sospecha”, se defendía Froome, que llamó “payasos” a los que quisieron ensuciar su nombre en redes sociales, donde la polémica se extendió rápidamente y sin motores.

No soy fan de Chris Froome ni de su forma de correr. Su molinillo es espectacular pero me resultan más vistosos los escaladores de toda la vida que suben de pie y hacen tambalear la bicicleta. Así era hasta este Tour. Ahora el británico nacido en Nairobi (Kenya) tiene un seguidor más que admira como ha sobrellevado los ataques y difamaciones que ha sufrido durante la carrera. Quizá en el futuro se demuestre que hubo dopaje, o que la bici llevaba un motor o dos cohetes incorporados. De momento, sólo hay un campeón que ha sido superior al resto y ha sufrido un trato injustificado que no merecía. No olvidaré ese gesto forzadamente alegre pero interiormente afligido que le vi en el Podium de París.

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