El partido de Santi

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Olfato de delantero (foto:Esteban Ordóñez)

Santiago Del Río Florez de Quiñones (11 años) espera inquieto en el banquillo hasta que se escuchan dos palabras: “Árbitro, cambio”. Es entonces cuando se convierte en “Santi”, aunque a cualquiera le bastarían unos minutos para familiarizarse con su nombre. “Santi, presiona”, le animan desde el banquillo. “Vamos, Santi”, le jalean desde la grada. Y Santi no deja de levantar el brazo y pedir el balón: “Pasa, Cedrick”. Quiere el gol, como cualquier delantero. “Buscamos la posición donde más pueda disfrutar, de hecho el año pasado creo que metió tres goles”, afirma Juan Tapia, su entrenador en el Alevín del Campello.

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Siempre atento al portero en un córner (foto: E.O.)

Los primeros minutos anda algo perdido, pero al final le llega la oportunidad de buscar su jugada. Intenta un remate pero acaba recibiendo un balonazo que le deja aturdido. Mira al banquillo en busca del cambio, pero las voces que le llegan alejan esa idea: “No tienes nada, a jugar”. Juan Tapia lo tiene claro, no hay ningún trato especial para Santi.

El partido prosigue, córner a favor del Campello. Santi se sitúa junto al portero, intentando molestarle lo máximo posible. “Es muy echado para alante”, confiesan sus padres. “A veces demasiado, en algún partido le ha tenido que llamar la atención el árbitro por ser muy protestón”. Carolina Florez tiene claro que esos comportamientos de su hijo se deben a la voluntad de querer demostrar su papel dentro del partido. “Tiene mucho criterio”, asegura su entrenador y “eso se nota en el campo”. De hecho Juan Tapia ya trabaja con él aspectos técnicos para asimilar el cambio a fútbol 11, donde quizá Santi pueda desempeñar otro rol en el que explotar sus conocimientos sobre el fútbol.

“Siempre mete golazos”

Germán Mañogil, coordinador del Campello, no duda en definir el carácter de Santi: “Tiene mucho morro”. Por ello no dudaron al integrarlo en el equipo después de que otros clubes como el Arena se prestaran, como máximo, a dejarle entrenar para hacerle un favor. “Nosotros buscamos otros valores más allá de la competitividad y el resultado”, en una idea de educar a través del deporte que confirman los padres de Santi: “El año pasado no ganaron casi ningún partido, pero eso no afectaba al ambiente en las comidas que organizaba el club”.

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Ligado al deporte desde pequeño

Se saca el córner y la jugada acaba en gol. Santi lo celebra con sus compañeros, demostrando estar totalmente integrado en el equipo. De hecho lo estuvo desde los primeros días, cuando se atrevió a hablar en el acto de presentación del club delante del alcalde, el concejal y todas las categorías (desde benjamines hasta el primer equipo) que estaban representadas en el césped.

Los ojos de Alberto del Rio brillan enorgullecidos al hablar de su hijo: “Es muy vitalista, pero un poco peliculero”. Sonríe mientras cuenta como Santi asegura meter golazos impresionantes cada vez que juega con sus amigos en el “Soccer Indoor.” Germán Mañogil parece tener razón. En lo del “morro”, me refiero.

Una vida marcada por el deporte

En la segunda parte Santi vuelve a comenzar desde el banquillo, pero no puede estarse quieto. Desde lejos se aprecia el “10” en su camiseta, el mismo dorsal que han llevado los grandes iconos del fútbol en los que Santi se fija. Se pasa el día revisando vídeos de Di Stéfano, pero tampoco duda en ponerse la camiseta de Messi (aún siendo del Madrid) o en hacerse una foto con un jugador del Córdoba. A Alberto del Río le encanta ver el fútbol con su hijo, pero no es al único. Casi míticas son las reuniones en el centro comercial de la zona para ver algún partido, donde los vecinos dejan a Santi sentarse en primera fila para compartir su entusiasmo y su conocimiento. “Ya le puedes preguntar por cualquier equipo, aunque sea de Segunda, que él conoce a los jugadores”, garantizan sus padres, obligados a convivir con esta afición visceral de su hijo. Una afición que roza lo enfermizo, como se intuye al escuchar a Carolina Florez narrando el último cumpleaños temático de Santi.

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Los cumpleaños temáticos, toda una tradición

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No todo es fútbol

Pero la pasión de Santi abraza más allá del fútbol. Uno de sus pasatiempos favoritos es acompañar a su hermano a los partidos de Basket con el Lucentum. “Este año, por horarios, le tenemos prohibido ir a los entrenamientos, pero si por él fuera, no se perdía ninguno”, afirman sus padres, que le han intentado desde pequeño orientar hacia deportes individuales como Judo, natación o golf.

Suenan tres pitidos y el partido termina. Creo recordar que ganó el Campello, pero no estoy seguro. Porque hay veces en las que el resultado es lo de menos. Al menos eso me ha enseñado Santi.

Quiero agradecer al Campello por la colaboración y las facilidades mostradas para elaborar el reportaje. Y por supuesto a la familia por permitirnos entrar en la intimidad y contar una historia de vida y deporte que siempre creímos que valdría la pena. Me extrañó, tras navegar por la hemeroteca, que ningún medio local se hubiera interesado por un caso así en el que se demuestra la utilidad del deporte asociada a principios imprescindibles como la superación y la diversidad.

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