El peligro de dos únicas historias

¿Quién es Chimamanda Ngozi Adichie? Esta pregunta se hacía meses atrás el Diario “El País”. Es una escritora nigeriana y recientemente galardonada por la crítica estadounidense, pero lo que realmente me ha atraído de ella es la espectacular difusión que tuvo una charla suya en la página del TED (organización creada en Estados Unidos para potenciar ideas que puedan transformar al mundo), en la que Chimamanda avisaba del peligro que implica la existencia de “una sola historia”, en un tema que es de ida y vuelta. El que la cuenta la impone, el que la recibe puede creerse que es la única.

Desde hace unos días, cuando se empezó a difundir y a llenar minutos con el reclamo de TV3 sobre el ya famoso documental de Carles Torras, no ha cesado de retumbar en mi cabeza esa idea, la del peligro de una sola historia. ¿Debemos conformarnos con lo que se nos impone desde el Realmadridismo? ¿Es realmente la historia del Madrid de un blanco tan puro como el color de su camiseta? Y por otro lado, ¿debemos permitir que ciertos sectores barcelonistas tergiversen esa historia para configurar una leyenda negra difícil de ser probada?

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El documental de la discordia que ha llenado minutos de tertulia

Para responder a tantas preguntas intento vestir a Chimamanda con una camiseta blaugrana, y con acento catalán, me asegura: “Una sola historia roba la dignidad de los pueblos. Cuando nos damos cuenta que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso”. Esa Chimamanda respaldaría a Carles Torras por indagar e ir más allá de la historia que nos imponen como única y real. Pero luego la visto de blanco, y con voz amerengada añade: “No estoy dispuesta a que la historia de mi mundo la cuenten desde la otra orilla, mal contada, distorsionada o llena de prejuicios”. A la misma Chimamanda le ocurrió al llegar a Estados Unidos que su compañera de cuarto en la Universidad no creía que hablara bien Inglés (idioma oficial de su Nigeria natal), conociera a Mariah Carey o supiera usar una estufa. Del mismo modo se pueden sentir los madridistas cuando se discute que sus títulos se hayan conseguido en buena lid deportiva.

Por suerte Chimamanda sólo lleva bufandas o camisetas en mi mente perversa. Fuera de ella se puede limitar a “contar historias”. El problema está en ver la realidad desde un forofismo que nos vuelve intolerantes. Porque intolerante es que se critique un documental antes de verlo. Intolerante es que se escarnie a Carles Torras por intentar hacer un trabajo de investigación (con mayor o menor acierto) mientras se acepta y se respalda el periodismo de barra de bar. Yo prefiero al periodista que consigue una decena de testimonios, más o menos interesados, que al que se junta con los amiguetes mientras sujeta cuatro papeles a los que llama guión. Pero también es intolerante el que no soporta que haya un club que sea reconocido como el mejor del siglo XX por sus méritos deportivos, obligándose a cuestionar sus éxitos desde un victimismo envidioso.

Los que hablaban de Villarato cada lunes ahora se escandalizan con el documental. A los que les escandalizaba ese mismo Villarato ahora les encanta esta nueva versión de la historia Madridista. Dos polos opuestos que ya aburren. Dándole vueltas a lo que decía Chimamanda, yo lo que temo no es el peligro de una sola historia, sino el peligro de dos únicas historias. Porque se de antemano quién y por qué me cuenta cada una.

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