La armada sin compromiso

En el siglo XVI la flota española enviada por Felipe II emprendió una guerra con el objetivo de invadir Inglaterra y destronar a Isabel I. Nuestros combatientes fracasaron en su primera ofensiva pero consiguieron alargar el ataque durante 19 años (1585-1604) hasta conseguir un tratado de paz favorable, ganándose el apelativo de la “armada invencible”.

Denominación que ha permanecido en los anales históricos hasta ser simbólicamente utilizada en nuestro contexto contemporáneo para definir a ciertos deportistas españoles. Por poco familiarizado que uno esté con la cultura del deporte en nuestro país, sabe que me refiero a los tenistas españoles que liderados por Rafa Nadal han conquistado 5 copas Davis y dominado el circuito masculino en las últimas décadas. A todos suena el calificativo de “la armada invencible del tenis español”, tan propagandístico y singular como oportunista y artificial.

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Primera “armada invencible”

Traigo toda esta espesura histórica para situar el objetivo de esta entrada, gestada tras presenciar la reacción periodística ante las recientes derrotas o chascos del malacostumbrado deporte español, que ha tenido la guinda con el descenso a segunda división del equipo de Copa Davis tras la derrota ante Brasil en la eliminatoria de supervivencia. Y es que cuando llega la derrota, el calificativo “armada invencible” se vuelve incongruente y comienza una delirante y demente búsqueda de culpables.

Y en esa cruzada justiciera del periodismo un argumento sobresale sobre el resto, el de la falta de compromiso. Y sorprende que sea así en un país encolerizado y dividido donde se respira un ambiente separatista e indolente acostumbrado a la queja y la guerra por su cuenta. Y sorprende que sea así en un periodismo acostumbrado a mitificar héroes cuyo sacrificio se ningunea a diario. Las últimas portadas de Marca alejadas del fútbol son un oasis elogiable pero insuficiente dentro de un monopolio futbolístico que excluye a muchos deportes y deportistas. Para alcanzar cierta difusión Nadal, Mireia, Contador, Gasol, Carolina Marín, etc… tienen que alcanzar gestas admirables que nos permitan enorgullecernos de ellos a pesar de menospreciar las disciplinas que practican durante el resto del año.

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Marca se ha desmarcado con algunas portadas alejadas del fútbol últimamente

Se habla, o mejor dicho se escupe sobre el poco compromiso de los tenistas españoles al no acudir con el equipo español de la Davis. Casi se considera apátridas a Feliciano, Robredo, Verdasco o Ferrer por renunciar a una eliminatoria, sin tener en cuenta sus contribuciones pasadas, o su representación del país que como tenistas españoles realizan en cada torneo que disputan. Nadie se para a analizar que este comportamiento de desmarque es habitual en cualquier equipo de Copa Davis de cualquier país (Federer, por ejemplo, ha faltadoa muchísimas citas  con Suiza por previsión de calendario). Se menosprecia sin mesura a muchos tenistas que viven injustamente eclipsados por Nadal (mediáticamente hablando). Y podemos buscar paralelismos en otros deportes para entender por qué Gasol o Navarro pueden renunciar a alguna competición con la selección o Contador declinarse por no correr el Mundial de Ponferrada con España. Pero lo fácil cuando llegan las derrotas es acusarlos de ingratos y desleales, para posteriormente seguir con el guión habitual, llenando portadas sobre por qué se pita o se deja de pitar a Casillas. Estoy seguro que muchos de los que presumen de los éxitos españoles y que ahora se llevan las manos a la cabeza con chascos recientes no saben ni en qué equipo juega Víctor Claver ni tienen idea del palmarés de Pablo Andújar. Pero para atizar, esa información, por lo visto, es superflua.

Seguiremos buscando calificativos, ya sea la “armada invencible”, la “generación de oro”, o “la Roja” (la mejor selección jamás vista), o haciendo documentales que encumbren nuestro deporte. Eso sí, mientras ganen. Han pasado cinco siglos desde aquella batalla anglo-española. Ahora no manda Felipe II, sino Felipe VI. Entonces fueron 19 años de batalla, ahora han sido 19 años de éxitos de nuestros tenistas (1995-2014) desde la última vez que se bajó a segunda división. Pero lo que nadie recuerda es que la “armada invencible” original no fue tal. Hubieron diez mil muertos en combates, epidemias y naufragios, además 800 heridos y cerca de 400 prisioneros. Pero lo importante es el calificativo. Lo importante es el éxito. En el fracaso, los tiramos del Barco.

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