Obligado a ir con el Bayern

No quería verme obligado a ir con el Bayern el próximo Miércoles, pero una vez más el remolino mediático succiona mi paciencia. Ha bastado una derrota (por la mínima) de Guardiola en casi una decena de visitas al Bernabéu para desatar una sangría de críticas recelosas.

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Las críticas recelosas provienen de los que más temen a Pep

Vi el partido de ida rodeado de amigos madridistas. Los primeros minutos fueron una misa angustiosa en los que el silencio sólo se mezclaba con impulsivos tragos de cerveza y agitados cambios de postura. Dos de ellos sudaban casi como las jarras que tenían delante y apenas atinaban a mantener un corto y desesperado diálogo:

–         ¿Tú ves normal que no pasemos del medio campo?

–         Qué quieres. En el Bayern está Guardiola.

Los merodeos alemanes por el área blanca desencajaban más de una cara cuando llegó el estallido con el gol de Benzemá. Ya se podía brincar de las sillas y esparcir el líquido por la mesa. “¡Otra caña, por favor!”

Personalmente me sorprendió la personalidad con la que el Bayern salió al Bernabéu. Sólo Guardiola es capaz de atemorizar de entrada a un estadio que se come con su historia al que pasa por allí. El resto de debates nacen y se sostienen sólo del resultadismo. Con la misma propuesta Pep se consagró varias veces en el mismo lugar donde por primera vez le tocó hincar la rodilla. Tras el primer estacazo el Madrid se disfrazó de vértigo y robó el empaque al Bayern, que aún así salió respirando.

El Madrid fue mejor y ganó con justicia. Pero en las caras de mis amigos madridistas no dejé de ver miedo hasta el pitido final. Miedo a ese Tiki taka que tildan de insulso. Miedo a ese sobeteo de balón intrascendente pero que les tiene atemorizados todo el partido. Miedo a no aguantar así 90 minutos en Alemania. Por eso surgen críticas al estilo y bromas con la posesión. Cualquier otra propuesta asustaría menos. Todo menos aguantar otro partido con una decena de alemanes merodeando tu portería sin casi chutar. Con la décima a la vista y los tanques en la calle, todos apuntan al mismo, al único que puede privar al madridismo de su obsesión. Al único al que temen más que a ellos mismos.

La personalidad de Guardiola está a prueba de presiones. Su falsa modestia, su mal perder o su obstinamiento por la posesión son ya lugares comunes que sólo buscan amenazar su personalidad y seducirle con un cambio de estilo supuestamente más efectivo. Pero Pep reforzará su ADN, volverá a salir con Lahm de medio centro y luchará por la final a partir del control de balón. Ganará o perderá, pero seguro que hará tragar saliva a más de uno. Y lo hará aun sin chutar a puerta. No quería ir con el Bayern, pero no me queda más remedio.

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