Para vomitar

“Acusado y acosado”, así es como calificó Miguel Cardenal (Secretario de Estado para el Deporte) al actual linchamiento mediático hacia un equipo sin el aura que le ha protegido durante años. La situación se ha volteado como un calcetín. Hace unos meses era el Madrid el que se agitaba al ritmo cardiaco de su entrenador mientras el Barça navegaba en calma y se remojaba en sus valores. Unos meses después en la capital reina una calma sólo alterada por la suplencia de Casillas, mientras en Can Barça se obligan a jugar a “dale al topo” un día sí otro también, pero sin un mazo con el que poder tapar las grietas que no cesan de multiplicarse.

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El Barça juega a “dale al topo” cada día

El presidente dimitido, el entrenador cuestionado, el estilo amenazado, el jugador estrella acechado, el principal fichaje investigado y la institución imputada. Este panorama configura una realidad irrespirable para un club que tenía demasiada gente esperando su caída. Más allá de una imprudente gestión, no es difícil entender a que se refería Cardenal con su controvertido artículo. Sólo hay que pararse a ver y escuchar.

Calentando el clásico

El jueves se conoció el árbitro que dirigirá el clásico de Liga entre Madrid y Barça. Viendo Tiki Taka, Clos Gómez ya está sentenciado antes incluso de salir a calentar. Los guionistas del programa de Energy decidieron que una simple designación merecía ser el tema de apertura y se lanzaron a alimentar la conspiranoia enfermiza que nunca pasa de moda. Se repasaron supuestos agravios de Clos al Madrid para justificar “nosequé” con el superfluo argumento del “algo huele a chamusquina”. De poco importa que queden tres semanas para el partido, el árbitro ya está condicionado y ajusticiado por lo que pueda pasar. Nadie, dentro de un periodismo arbitral tan corto de miras, se paró a pensar en las condiciones objetivas por las cuales se ha elegido a este árbitro para este partido. Si descartamos a colegiados madrileños y catalanes, dejamos fuera a Undiano Mallenco (pitó el clásico de ida) y a Mateu Lahoz (ya ha dirigido en esta liga un Madrid – Atlético y un Atlético – Barça) y desechamos también por motivos obvios a Muñiz Fernández, Ayza Gámez y los hermanos Teixeira, la nómina de árbitros disponibles se reduce lo suficiente como para adivinar que Clos Gómez era un firme candidato a dirigir uno de los dos Madrid-Barça que nos quedan (sumando el de copa). Si a esto le añadimos que el árbitro aragonés ya pitó la final de Copa el año pasado y no puede repetir…blanco y en botella, leche. Leche color Real Madrid. Pero parece que lo difícil era investigar un poco las causas de tal decisión y lo fácil ponerse a atizar sin ton ni son. Lo que le espera a Clos, lo que nos espera a todos de aquí a tres domingos…

El gol de Bale

Una vez Clos ya fue colgado en la diana, el segundo punto del día era repasar con detenimiento el gol de Bale a Finlandia. La brutalidad del gol está fuera de duda, y el galés es de esos jugadores vistosos y fulgurantes que marcará 10 de los 100 mejores goles cada año. Lo que sorprende es la diferencia de trato con tantos de similar factura que Messi marcó no hace mucho. Si ante el Getafe o la Real a Leo le dejaban pasar, los defensas se aculaban sin atreverse a hacerle falta y los porteros cantaban sin guitarra, a Bale le sucedía todo lo contrario. Los finlandeses tuvieron que rendirse ante la velocidad y la potencia del expresso de Cardiff y la galopada y la definición fueron de las que hacen época. Se comparó al madridista con Usain Bolt y se visualizó el gol desde todos los ángulos y velocidades posibles. Al menos no era Cristiano, de ser el caso habríamos tenido que pagar para ver el Tiki Taka del jueves.

 

Los vómitos de Messi

Visto que en Energy había poco que rascar, me pasé a Nitro (imagno que Cardenal haría lo mismo). Allí al menos no se hablaba de clos Gómez ni se repetía en bucle el gol de Bale. Pero pronto entendí que se trataba de algo aún peor, los supuestos vómitos de Messi. De una secuencia de 5-6 segundos en la que Messi se agacha para escupir se deslizaron numerosas conjeturas. No era saliva o mucosidad, sino bilis. Y según los tertulianos de “El Chiringuito”, eso podría tratarse a una mala alimentación, un mal calentamiento o incluso algo químico (aquí ya se me escapó a que se referían). La imagen se repitió más que cualquier gol que Leo ha marcado en los últimos meses, y de poco o nada sirvió que Messi restara importancia al asunto para que desde el periodismo se elevase casi a asunto de estado.

Indignado me pasé de nuevo a Energy, donde pasaron de puntillas sobre los problemas estomacales de Messi. Allí lo que interesaba era mandarle con un lacito a Manchester tras una supuesta oferta de 200 millones del City. Entiendo a Miguel Cardenal, claro que lo entiendo. Y también a Messi. ¡A veces esto es para vomitar!

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