El engaño de Guardiola

Esto no va a ser una entrada más para hablar de Guardiola y su relación intrínseca con el Barça. Puede asemejarse pero aspiro a no parecer tan recurrente. El otro día vi con interés el Borussia – Bayern y quiero desarrollar un concepto clave en la idea de Pep que se ha mantenido oculto bajo el manto de la posesión. Viendo la primera parte recordé una columna reciente que leí en Marca (no recuerdo la firma) analizando al Madrid de Basket. En ella se advertía de la trampa en la que caen los equipos rivales que salen predispuestos a frenar la sangría ofensiva de los de Laso y cuando quieren darse cuenta se ven incapaces de encontrar el aro rival. El bueno de Pablo engaña al entorno tendiendo la mano de su ataque alegre pero ocultando en la manga su efectiva defensa con innumerables ayudas y esfuerzos solidarios que acaban desorientando al rival. Guardiola hace lo mismo, llevando al límite su ideal de posesión pero reduciendo al máximo las virtudes del rival en un fútbol de contención que nunca pasó tan desapercibido.

No toda la obsesión de Guardiola es la posesión

No toda la obsesión de Guardiola es la posesión

Era la oportunidad de distanciarse del Dortmund, de derrotarle en su estadio y vengarse así del sonrojante precedente en la Supercopa alemana. Y Guardiola sorprendió con un centro del campo con Kroos como único cerebro, custodiado por la polivalencia de Lahm y el recorrido de Javi Martínez, que fue casí media punta. De esta manera el Bayern se blindaba de las transiciones rápidas de los amarillos, sacrificando potencial ofensivo pero ganando control del partido, que es lo que obsesiona a Guardiola por encima incluso de la posesión. El Bayern fue inocente en ataque durante la primera mitad, sin profundidad y sin vértigo, con una espesura desconocida que luego entendimos que era casi premeditada. Apenas inquietaron Muller o Robben a la improvisada defensa del Dortmund en 45 minutos, pudiendo calificar ese tramo del partido como un verdadero tostón. Pero era el tostón planeado por Guardiola y que le permitió hipnotizar al rival, inutilizar sus armas y agotarle físicamente. Y entonces se inició la segunda parte del plan; Lahm hizo de Lahm, Javi Martínez hizo de Javi Martínez y Götze hizo de Götze. Tuve un dejavú de haber visto ya ese partido. Me recordó al 0-2 en el Bernabéu el día de la expulsión de Pepe, o a las eliminatorias de Champions en las que Guardiola sacrificaba un extremo para volcar a Iniesta en banda e introducir en la titularidad a Keita. El año pasado eché de menos mayor contención en el centro del campo del Barça que perdió en Milán. La era de Guariola fue exitosa porque ganó, pero ganó porque supo cuando se podía empatar, como aquel 0-0 en la ida de semifinales contra el Chelsea en el Camp Nou u otro empate sin goles en San Siro en ese precedente que recordaba ante el Milán. En esos partidos o eliminatorias Guardiola intentó no perdel el control, igual que hizo el sábado pasado en su visita al Westfalen Stadium. A partir del control, es muy posible que el trasncurrir de los minutos desemboque en algún gol, y de no ser así, bienvenido sea un empate.

Ese es el mérito de Guardiola, engañarnos con su fútbol ofensivo cuando practica un fútbol control que es mucho más contenido de lo que aparenta. Sospecho que en el Camp Nou permanece el germen de este engaño, que llevó a Vilanova y ahora a Martino a creer que el centro del campo formado por Busquets, Xavi e Iniesta es innegociable para la filosofía del Barça. Con ellos se gana creatividad y se pierde control, como debe pensar del Bosque al añadirles a Xavi Alonso en el once titular de la roja. No es casualidad que Guardiola definiera a Mascherano o Keita como “sus niñitas”, no obstante son piezas principales para desarrollar con éxito su propuesta. No dudo que Kroos y Götze jugarán muchos partidos juntos, pero en los partidos de verdad el Bayern se sostendrá gracias a Lahm, Javi Martínez o Schweinsteiger. Al Barça le faltan esas piezas desde que se fue Guardiola; Song parece sin cuajo y Martino no se atreve a devolver a Mascherano su condición natural de centrocampista defensivo. Puede parecer un ultraje, pero en un hipotético partido contra el Bayern yo jugaría con Busquets, Mascherano y Xavi (o Cesc) en el centro, e Iniesta apoyando algo escorado en una banda y soltando arriba a Messi y Neymar. Quizá no sea el Barça con extremos y vertical que quiere el Tata, pero me temo que es el único capaz de hacer frente a los colosos europeos. Del engaño vive Guardiola y engañado vive el barcelonismo. Bendito engaño que desemboca en excelencia.

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