Así fue

En la eterna crisis que vivimos encontrar un trabajo no siempre supone recibir lo pactado

Llevo mucho tiempo pensando en escribir esta entrada. Y sobre todo en como escribirla. Se trata de una experiencia personal que no quiero novelar, sino limitarme a expresar lo ocurrido por orden cronológico. Por ello el título, “Así fue“, ampliado por un subtítulo que no suele ser habitual en los escritos de este cercado deportivo. Y efectivamente, así fue.

Empecé a estudiar periodismo por el mismo motivo que supongo les empujaría a ello a la mayoría de compañeros de mi quinta, puro instinto vocacional. Me fascina el deporte desde pequeño, y desde que tengo conocimiento quise vivirlo desde dentro para expresarlo hacia fuera, o lo que es lo mismo, mi deseo era contar, narrar o compartir con alguien mi entusiasmo por todo lo que se jugara con una pelota, un balón, o algo parecido de por medio. Desde las primeras clases nos advirtieron de la realidad actual del gremio; difícil salida laboral, sacrificio sin recompensa, penurias económicas, intrusismo y sensacionalismo, etc…

No niego que alguna vez me haya replanteado si acerté al orientar mi futuro, pero siempre llego a la conclusión de que si no hubiese estudiado periodismo me hubiese arrepentido. Pero esa es otra historia diferente. Lo cierto es que 5 años después, tras varios trabajos de investigación, algún verano de prácticas y un intenso aprendizaje, uno se da de bruces con el abismo que existe tras la consecución del título universitario; Medios que cierran, periodistas de larga trayectoria que son despedidos a puñados, crisis de valores en la profesión…son factores que dificultan a un plumilla primerizo su catapulta hacia el mundo laboral. Entre que intentaba buscar acomodo en algún medio local o ahorraba para ampliar los estudios universitarios, no había más remedio que aceptar cualquier posible cucharada de azúcar que asegurase algo de dinero y añadiese una trufa extra al currículum. Por eso fui con la mejor predisposición a esa entrevista de trabajo, que aunque poco tenía que ver con el periodismo, al menos sí estaba relacionada con el deporte.

Desde el principio me pareció una empresa seria, y ojo, me lo sigue pareciendo. Hace una gran labor formativa destinada a educar jóvenes futbolistas a través de campus y otras actividades coordinadas y planificadas, además de monitorizar multitud de eventos de diferente índole dentro del mundo del ocio y el entretenimiento. Me ilusionaba poder formar parte como monitor debido a mis pinitos hechos con anterioridad, pero tuve que conformarme con encargarme del mantenimiento y la actualización de la página web de la empresa. Las condiciones eran claras y atractivas, doce euros la hora, tres horas a la semana, y de momento todo de palabra, sin contrato de por medio. Por primera vez veía sentido a la cantidad de horas invertidas durante los años de estudiante en la creación y gestión de blogs dentro del universo wordpress. Entre lo que sacara de allí y del resto de ocupaciones (clases de multideporte y tenis, pitando partidos, etc…), valdría para ahorrar de cara al máster que me abriera las puertas definitivas del periodismo deportivo.

Las primeras semanas fueron interesantes, zambullido cada lunes por la tarde en aquel despacho informal. Puse el máximo empeño en conseguir los objetivos requeridos, en lograr la eficiencia demandada y conseguir relanzar una web bastante trasnochada. No importaba perder la tarde, ni los viajes en autobús ni la angustia al buscar aparcamiento en el centro de Alicante. Tampoco era problema llevarse trabajo a casa para conseguir arreglar algún apartado que se atragantaba o colgar algún contenido urgente que no podía esperar al lunes. Así trascurrió el primer mes (febrero de este mismo año), y comenzó el segundo, entre una progresión optimista y unas primeras promesas de recibir un ingreso por lo trabajado hasta el momento. Pasó Marzo y se adentró Abril, mirando cada viernes la cartilla sin ningún movimiento a la vista. “Problemas con los ingresos”, “en breve estará todo solucionado”. Con mi buena fe habitual, ni siquiera estaba preocupado con las pascuas encima. Me supo mal incluso mandar algún correo al responsable preguntándole por la situación de lo adeudado, pero todo eran buenos propósitos y carencia de hechos.

Avistando el verano, y con cuatro meses trabajados sin remuneración ninguna, mis amigos ya me insistían en que aumentara mi escepticismo. Y lo iban consiguiendo. Con los campus estivales a la vista, hicimos un parón en los contenidos de la web, por lo que dejé de ir varios lunes consecutivos. Incluso se me dio la oportunidad de hacer un curso de capacitación para enrolarme como monitor en la empresa (que fue provechoso e interesante, todo sea dicho). Pero del ingreso o el cheque, sin noticias. Casi me sabía mal insistir por pedir lo que por derecho me correspondía.

Así pasó el verano, haciendo cábalas de lo que se me adeudaba y calculando cerca de los 400 euros. No es mucho, pero lo suficiente para ir tirando y afrontar algún gasto extra. “El lunes volvemos a meter contenidos a la web. Ya está el ingreso en la cuenta”, fue la respuesta ante mi enésimo correo, cada vez escrito con un tono menos comprensivo. Casi me da por dar saltos de alegría, hasta que al revisar mi cuenta, sólo había 150 euros de más, o lo que es lo mismo, ni la mitad de lo prometido. Estaba agotado, ya casi me daba igual cobrar o no, pero no pensaba volver a acumular horas de trabajo para después tener que mendigar por cobrarlas. Decidí dejarlo, recibiendo de contestación una última respuesta en la que se me prometía recibir en breve lo restante. De esto hace ya más de un mes, y de que fui la primera tarde a aquel despacho hace más de 6 meses. La empresa presume en prensa de su renovado proyecto de cara a la próxima temporada, pero hay otros aspectos en los que no puede vanagloriarse tanto. De palabra y compromiso, por lo menos. No es oro todo lo que reluce.

No es oro todo lo que reluce

No es oro todo lo que reluce

Imagino que la crisis habrá deparado muchos casos como estos, en los que no tener un contrato te compromete a trabajar en balde o a sudar para recibir lo que se pacta. Son los tiempos que corren, y así lo contamos.

ACTUALIZACIÓN (14:11:2013)

Han pasado un par de meses más, sin noticias de los 250 euros que me restarían por cobrar. Más que por necesidad económica, me reivindico por impotencia y sensación de injusticia. En los tiempos que corren estamos obligados a reclamar nuestros derechos, sobretodo cuando un título universitario apenas te asegura ninguna oportunidad laboral. Por eso decido publicar el nombre de la empresa con la que mantuve este desencuentro que con el tiempo se ha convertido en decepción. Educajugando se engloba dentro del grupo ACATEC ELITE, y presume de seriedad configurando equipos y captando niños que compiten en el fútbol base alicantino y acuden incluso a torneos de ámbito internacional. Su máximo dirigente, Ángel Linares, puede presumir de haber creado un espacio de especialización deportiva, pero no de los métodos empleados o el cumplimiento de algo tan importante como la “palabra”.

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