Para desvelarse leyéndolo

No suelo consumir literatura deportiva, pero “El sueño de mi desvelo” es de esos libros que me apetecía tener en la estantería. Siempre he considerado el placer de leer como un pasatiempo que hay que degustar con apetito, y nunca como una obligación o una convención social. Por eso cada vez que sale un libro que me atrae, intento perderme cuanto antes entre librerías para conseguirlo antes de agotar la inquietud.

Reliquia de estantería

Reliquia de estantería

Tenía claro el proceder para disfrutar el libro. Pretendía que fuera una segunda lectura que refrescara el desinterés que aveces aparece con los libros de mesilla de noche. Era de esos ejemplares ideales para llevarse a la playa de rocas o para ojear con tranquilidad en alguna terraza con un café helado a mano. La intención era prolongar su lectura al máximo, no exprimirlo de un tirón. Pero ahora tendré que buscar otra opción para mis días bohemios, porque las casi 200 páginas escritas por Antoni Daimiel apenas han durado dos sentadas.

No era un gran aficionado del baloncesto (simplemente me gustaba, como casi todos los deportes), y mucho menos del deporte americano (por desconocimiento sobretodo). Creo que eran unas navidades cercanas al año 2000 (yo apenas tendría doce años), cuando la falta de cosas que hacer me llevó a poner canal plus, donde estaban emitiendo uno de esos partidos en diferido de los viernes por la tarde; Nueva York contra Toronto, en el Air Canada Center. Muchos factores influyen a la hora de aficionarnos a un equipo. Unas veces lo heredamos de los padres, otras es a raíz de un jugador que nos fascina, o por pura simpatía, o incluso sin razón ninguna. Lo cierto es que me divertí aquella tarde viendo un deporte que no había explorado a fondo hasta entonces y escuchando lo que Montes y Daimiel (desconocidos hasta entonces para mí) decían sobre la nueva promesa del baloncesto mundial, Vince Carter. Desde aquella tarde me hice de los Raptors. Luego fui descubriendo poco a poco al resto de franquicias, el funcionamiento de la liga, la división entre el Este y el Oeste y la singularidad del Universo NBA. Me alegra haberme subido al carro entonces, y no poco después cuando el fenómeno se extendió en España a raíz de la fiebre Gasol. Con el tiempo pude comprobar que para variar (ironía) me había aficionado a uno de los equipos con menos trayectoria de la NBA, lo que viene siendo un equipo perdedor, vamos. Pero no he dejado de interesarme por los Raptors desde entonces, y aún guardo la camiseta de Carter, la primera que tuve de un NBA. Con el tiempo he rebajado el entusiasmo, pero sí existió esa época de desvelos, de programar el vídeo y de madrugadas pegadas al score. He disfrutado viendo NBA, todo a partir de esa tarde, y siempre acompañado por esa voz de confianza que ahora he podido leer con la misma atención con la que la escuchaba. Antoni Daimiel tiene más que mi respeto, me parece uno de los mejores periodistas deportivos contemporáneos, y es de los pocos que me ha hecho comprar un libro sólo por las referencias del autor.

Sobre “El sueño de mi desvelo” poco que decir, más que animar a leerlo. Es una lectura para fieles de la NBA, que lo son o lo han sido, o para simpatizantes de la cultura americana y los entresijos de la profesión periodística. Un anecdotario ameno y ordenado que no defrauda. Pero bueno, jugaba con ventaja, porque cuando lo compré ya sabía que era imposible que me defraudara.

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