El fútbol huele a podrido

El fútbol huele a podrido. Existe un ramillete de problemas a mano y los medios tiran de ellos en función de como sople el viento. Ahora a final de liga están de moda los amaños, anteriormente fueron los horarios, el precio de las entradas, la asistencia a los campos, las deudas extratosféricas de los clubes o las continuas desapariciones o descensos administrativos de equipos (muchas veces históricos). Es fácil resumir esto diciendo que el fútbol también se resiente de la crisis y que tramposos hay en todas partes. Sí, es fácil decirlo, pero no es lo correcto. Ni lo necesario. Lo urgente es profundizar en una realidad viciada y centrarnos menos en quién pasa o deja de pasar por la rotonda de Valdebebas o qué dice o deja de decir aquel representante de turno. Nos llenamos la boca denunciando los males del fútbol pero no contribuimos a solucionarlos, porque todo es un juego de intereses, incluido el periodismo.

El fútbol no es de juguete

El fútbol no es de juguete

Llama la atención lo fácil que se crean desde distintos puntos mediáticos supuestas conspiraciones arbitrales, alienaciones interesadas o teorías varias que no se sustentan más que en palabrería barata. Si el fútbol huele a podrido también es por todos aquellos implicados en puestos de responsabilidad que cada semana ensucian más con declaraciones desmesuradas (contra el árbitro, la competición, los medios), o aquellos que contribuyen a una dañina guerra mediática que no hace más que aumentar fricciones y crear extremismos (potencialmente más violentos siempre). Como periodista, no podemos escupir al aire que se amañan partidos o se dejan de amañar (en función de que afecte a un equipo que caiga más o menos simpático), creando seriales y reportajes esmerados, para luego tirar a la papelera del olvido el tema hasta que la liga vuelva a decidirse la temporada que viene.

Mi sensación es que importa más lo que pueda decir Florentino en su ronda de entrevistas o lo que haya costado o dejado de costar Neymar. El resto no es más que paja secundaria que amontonamos hasta que la mierda no nos deje ni respirar. Seguiremos en la batalla por absurdas exclusivas (cada vez más absurdas) o vacíos confidenciales (cada vez más vacíos) mientras formadores cualificados que afrontan la educación deportiva desde la raíz, se centran en la base y apelan a la deportividad sin buenismo, quedan relegados a la nada en el reconocimiento mediático. No basta con echar desodorante y taparse la nariz. El fútbol huele a podrido y cada vez es más insoportable.

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