Otras cosas que no son “El Clásico”

Hoy hay un clásico, pero no voy a escribir sobre ello. Varios temas se interrelacionan pidiendo una paranoica conclusión. El mundial de balonmano, la operación puerto y la guerra fútbol VS deportes minoritarios. ¿Qué une a estos tres asuntos para desembocar en un mismo vértice?

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España es campeona del mundo de balonmano. Se trata de una gesta, lograda además tras una exhibición en la final, el partido de mayor responsabilidad donde los pronósticos esquivaban la victoria de “los hispanos”. Muchos vimos la paliza a Dinamarca del domingo por la tarde, que nos pillaba entre la resaca de la victoria del Madrid ante el Getafe y la previa del partido del Barça ante Osasuna. Verlo fue una manera de llenar el ocio tras la siesta dominguera, para así de paso legitimarnos a celebrar el título amparados por la marca “España”. Poco importa saber más o menos de balonmano si el que vence es España, ¿o no es así? Por supuesto que la victoria es de un país, pero unos tienen más derecho a presumir que otros. Conozco gente que ama el balonmano, que lucha por dar a conocer un deporte estancado. Aficionados que pagan para ir a pabellones a ver un partido de ámbito local, periodistas que apostaron por la especialización resignándose a entrar en los programas deportivos los cinco últimos minutos (hay días que ni eso), o gestores que mendigan financiación para evitar la desaparición de sus clubes de balonmano; esos son los que verdaderamente pueden celebrar el título. El resto sólo podemos alegrarnos por España, y esperar al próximo mundial o los próximos juegos para interesarnos por términos como “7 metros”, “exclusión”, “pasivo”…

Esta semana sí se ha hablado en tertulias deportivas de balonmano. Me llamó la atención oír voces hablando de aprovechar el tirón del éxito para promocionar el deporte. Otros tertulianos hablaban de posibles formas de reconocer a los campeones, como por ejemplo hacer el saque de honor en el Bernabeu o el Calderón. Y me pregunto, ¿acudir a un campo de fútbol a recibir una ovación es promocionar un deporte? ¿Acaso cuando ganó la selección de fútbol (su primer mundial, la de balonmano lleva 2) fue a las canchas y palacios de deportes a recibir homenajes? Creo que estas costumbres tribuneras sólo hacen que asumir la inferioridad de un deporte frente a otro. Por muchos éxitos que se consigan el príncipe de Asturias será para la selección de fútbol, o para Iker y Xavi. E irremediablemente esta noche se hablará del clásico, y a nadie importará si en algún lugar de este país, se juega un partido de balonmano.

Añado un nuevo eslabón a este enrevesado análisis, a propósito de la “operación puerto”, cuyo juicio comenzó ayer con más presencia de periodistas extranjeros casi que españoles. Hablaba antes de la marca “España”, de la que presumimos, y la que tanto envidian fuera. Muchos se preguntan por qué seguimos acumulando éxitos, y buscan razones ocultas más allá del buen trabajo y la ornada de talentos que nutre nuestro deporte. En los libros de historia, dentro de unos años, habrá un epígrafe que se titulará “la crisis económica y la gesta deportiva”. Sólo espero que al desarrollar ese apartado, no se tenga que hablar de trampas ni dopaje. Tenemos éxito a pesar de que considero que la gestión del deporte en el país es mejorable. Poner trabas a los tramposos y facilitar medios a los que nos emocionan con sus éxitos. Esa es la receta, tan difícil de prepararla en la cocina.

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