La realidad del fútbol

El fútbol español está recogiendo la repelente cosecha que sembró hace años con semillas de mala gestión y despilfarro. Los clubes, algunos por premura de resultados, otros por delirios de grandeza, u otros por maquillar realidades, se dedicaron a derrochar su patrimonio con alardes inasumibles a largo plazo. Eso ha deparado en la situación actual en la que históricos como el Oviedo o el Albacete (casos más sonados) se hayan visto abocados a basar su salvación en la caridad global. Pero son muchos más los equipos que viven permanentemente con la soga al cuello, arrastrando a aficiones centenarias a las que sólo les queda la historia. Hoy día, para dedicarse al periodismo deportivo, hace falta aprender mucha jerga jurídica. Términos como ley concursal, concurso de acreedores o ampliación de capital han traspasado lo puramente futbolístico para alcanzar un relieve preocupante. El fútbol está en crisis, ¿como podemos ayudarle?

El balón puede dejar de latir por tanto despilfarro

Planteo esa pregunta porque dudo de la respuesta. Me han emocionado reportajes en los que aficionados derramaban lágrimas ante la alarmante situación de su equipo. Recuerdo uno en particular en el que un aficionado del Sporting apoyaba al Oviedo con la frase de “Asturias necesita sus dos pulmones”. El periodismo ha recogido el guante, ha acudido a la llamada de socorro del Oviedo, ahora del Albacete. Vivimos en una sociedad atroz pero que sigue siendo débil ante los sentimientos, y a través de ellos se ha conseguido movilizar a mucha gente para ayudar a algún equipo a superar un primer obstáculo. Pero habrá más obstáculos, y más equipos en apuros, y no todos podrán alcanzar el milagro. Por eso me pregunto si no será mejor realizar una limpieza de conciencia y empezar de cero, con un fútbol más transparente y menos especulativo. Hay que aprovechar que la gente está dispuesta a pagar por consumir fútbol para ofrecerle un producto de calidad basado en la pureza y la naturalidad.

Vivo en una ciudad donde se puede ejemplificar este fenómeno de buena y mala cosecha. Alicante tiene a sus dos equipos en los picos de la clasificación de 2ª división. Mientras el Hércules cierra la tabla, en una crisis sin frenos que oscurece su 90 aniversario, el Elche la lidera con un proyecto modesto basado en la paciencia y la perseverancia que bien merece desembocar en el ascenso. Malos gestores y malas gestiones han ido de la mano para que los alicantinos sientan vergüenza de la situación de su club, que hace poco estaba ganando en el Camp Nou al Barça de Guardiola. A mi me duele esta realidad, pero dudo que la solución sea rogar la ayuda externa o rezar para que aparezca un jeque o un magnate de moda. Toca arrancar estas malas hierbas, caer si es necesario, y volver a plantar semillas de ilusión. Por el bien del fútbol, no caigamos en sentimentalismos pasajeros. No pongamos parches ni tiritas a una herida tan profunda.

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