El purgatorio de CR7

Cristiano está permanentemente en el foco. Sus goles e indudable rendimiento le elevan la cima futbolística, pero otros muchos episodios subterráneos le privan de vítores que seguramente su calidad y entrega merezcan. No se siente respaldado por el club, ni respetado por la prensa, ni querido por la afición. Quizá sea momento de pensar en pasar por el Purgatorio, como hizo Dante en la Divina Comedia junto a Virgilio, para así purificar ese lado oscuro que le impide irrumpir en el cielo sin escamas.

El hombre de los siete pecados capitales

En el famoso purgatorio, situado entre el cielo y el infierno, Dante tuvo que redimir los siete pecados capitales del ser humano, para alejarse del fuego de las tinieblas y ser digno de acceder al paraíso terrenal. Algo parecido, metáfora aparte, debe hacer Cristiano, perdido en un universo sombrío que entremezcla sus mágicas cualidades futbolísticas con los lúgubres matices oscuros de su comportamiento. Siete fueron los pecados capitales, número que se puede apreciar en la espalda del crack portugués. Cristiano demuestra soberbia al manifestar ser “guapo, rico y buen jugador”, al decir que “le motiva que le piten” o al declarar que “los que le gritan tienen envidia de él”. También insinúa cierta gula queriendo lanzar todas las faltas, los penaltis, y desarrollando un juego individual y un apetito egoísta que en ocasiones roza la osadía. Tampoco se escapa de la ira, cuando se muestra respondón ante los reproches del público, como en Mallorca, o cuando celebra sus goles con gestos altaneros (muslito, calma, bailecitos varios). También tiene desarrollada la envidia, que le come en cada premio que no recibe, en cada gala en que es relegado a un papel secundario. Envidia el trato de la prensa a Messi, envidia los aplausos del Bernabeu a jugadores que no sean él… El quinto pecado, el de la avaricia, lo demuestra en sus continuas pataletas en busca de una mejora de contrato. Sin ir más lejos, ayer fue Pepe en rueda de prensa el que actuó de intermediario para solicitar una mayor recompensa para el rey midas luso.Y restan dos, por un lado la lujuria (lujuria futbolística en este caso), que se manifiesta en su tipo de juego basado en la fuerza, la brutalidad, el nervio o el propio culto al cuerpo de un atleta que presume de las abdominales que realiza al día. Y por último, y el más dudoso de justificar, el pecado de la pereza; Ronaldo no descansa, juega aunque le partan la ceja, es un ganador, pero en ocasiones irrumpe su lado tristón y rehuye celebrar goles, mostrando un semblante cabizbajo, como si una pereza misteriosa le volviera vulnerable.

No es más que una simbología, una metáfora quizá hasta ventajista, pero creo de veras que Cristiano necesita virar en muchos aspectos, y quizá un paso por el purgatorio fuera la solución. Es un gran jugador, su valía es incuestionable, al igual que muchos otros factores positivos que le convierten en el líder del Madrid. Pero le falta algo, esa maduración definitiva que le eleve a la leyenda sin matices. CR7 está ante su Divina Comedia.

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