De la rutina del éxito al patriotismo desagradecido

Por alguna extraña razón, los deportistas de élite me enganchan más durante su camino al éxito que cuando se acomodan en la cima. Por ejemplo, la Fórmula-1 me atrajo por aquellas primeras carreras de Alonso, cuando discutía la hegemonía de Schumacher con un modesto Renault y llegaba hasta donde ningún español había alcanzado nunca con un monoplaza. También recuerdo vibrar con el primer Roland Garros de Nadal, derrotando en semis a Federer y en la final a Puerta remontando un set en contra. Como inolvidables son las madrugadas en la que un café bien cargado me acompañaba para ver los primeros mates de Gasol con los Grizzlies. Ahora, ya sea por costumbre o por monotonía, no me emociona tanto ver a Fernando a los mandos de un Ferrari, a Nadal como nº1 del mundo con siete triunfos en París a las espaldas, o a Gasol vistiendo la camiseta de los Lakers con un par de anillos brillantes en sus enormes manos. Posiblemente sea más difícil mantenerse que llegar, pero ese ascenso es el que a mi me conquista.

Tocaron el éxito y se mantuvieron en la cima

Convertir el éxito en obligación, malacostumbrar al receptor o naturalizar algo excepcional es una realidad engañosa. Es lo que le ha pasado por ejemplo al equipo de “Davis” español tras una única derrota (peleadísima, por cierto) sobre numerosas victorias previas. Esa “rutina del éxito”, como podríamos definirla, se convierte en enemiga de los grandes deportistas, pero también existe otro factor que es el “patriotismo desagradecido”. Intentaré explicar el término; este fin de semana he escuchado el nombre de Nadal casi las mismas veces que el de “Ferrer”, “Almagro”o “Granollers” (“Si Rafa hubiera estado”, “Si Nadal no hubiera estado lesionado”). Se produce un fenómeno que desluce al resto de rivales (habría que ver si Nadal hubiese podido con Berdych, por ejemplo) pero también incluso aparta a un segundo plano a otros deportistas españoles que quedan eclipsados ante el fenómeno del periodista-fan. Ferrer ha tenido que esperar a una lesión de Nadal para acaparar reconocimiento mediático, cuando lleva varias temporadas en el top del Tenis. Del mismo modo cuando Nadal pierde es por “la fatiga acumulada”, “por ampollas”, “por el calendario”, “por la superficie”, “por su tipo de juego”..admiro a Nadal pero me chirría la imparcialidad con la que se le trata a veces desde España.

Pero sin duda el ejemplo más claro es el de Fernando Alonso. Las carreras y calificaciones se miran con lupa en busca de maniobras sancionables de los rivales del asturiano, de forma que los periodistas localizan algo punible, y los aficionados (que suelen ser totales desconocedores del reglamento de f-1) claman en twitter contra algo que ni ellos mismos entienden pero de lo que aseguran poseer la verdad incuestionable. No sé las veces que habré leído críticas por un doble baremo entre Hamilton y Alonso, y ahora entre Vettel y Alonso. Me gustaría saber que se diría si al que hacen salir el último es a Fernando (como pasó con Vettel) o si el truco de cambiar el motor de Massa para que Fernando saliera en la zona limpia lo hace Red Bull. Localizo un “patriotismo desagradecido” y lo defino así porque creo que perjudica también al piloto. Supongo que habrá más gente como yo que anime a Alonso pero le chirríe oír los comentarios durante la carrera. Si Fernando gana, es Magic Alonso, si gana Vettel, es el Red Bull que va como un cohete. Si el Ferrari va bien, es por Fernando que ayuda a desarrollarlo, si el Ferrari va mal, es la escudería que no le permite tener un coche competitivo. Y así puedo seguir. Vettel seguramente ganará su tercer campeonato seguido, y tendré que oir voces de que “ha ganado el mejor coche, no el mejor piloto” y patatín patatán. Enhorabuena a Alonso por el campeonato que ha hecho, ojalá remonte esos puntos de desventaja. Pero si no lo hace, Chapeau por Vettel, será justo campeón. Será el mejor piloto del mundo. Quitémonos las bufandas.

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