La normalización de lo anormal

Un estadio de fútbol es una cofradía de reprimidos que cada semana hacen exaltación de su cobardía. Los menos acuden a ver un espectáculo en sus ratos de esparcimiento. Los más se dedican a enfangar de forma pusilánime la atmósfera de un deporte viciado y pervertido. En un recinto deportivo ocurren cosas que no son normales en la rutina cotidiana; no es normal que un hombre con medio siglo a las espaldas se pase todo un partido despotricando, ni que una señora con hijos insulte con ese tono de voz agudo e irritante que se deja notar. En la vida real no vamos insultando al personal, porque no se puede. Si vas a la ópera y montas un espectáculo, te echan. Si vas a un restaurante a formar bulla te invitan a salir. ¡Es lo normal, vamos! En el fútbol sin embargo lo normal es insultar y que encima te rían la gracia. ¡Un burro rebuzna y le sale un coro detrás!. El fútbol mueve mucha pasión y dinero, pero desde que se normalizó la cultura del insulto y la mofa, surgió un problema. No se puede normalizar algo que no es normal, y en esas estamos.

¿Qué es antes el pollo o la gallina? Cristiano Provoca y le insultan, acción-reacción

Cuando algo se convierte en normal, nadie intenta cambiarlo ni se debate sobre ello. Y si encima las principales víctimas, los árbitros, callan, no hay solución posible. Es una realidad impotente, pero que se asume. Lo que da rabia es que todo el silencio y falta de crítica se revierta cuando el mártir es un jugador, y por supuesto que hablo de Cristiano a raíz del espectáculo lamentable que se montó en Mallorca. He tenido que asistir abochornado a numerosos debates en los que voces indignadas bramaban por el acoso que recibe el portugués en cada partido. Pobre Cristiano, al que se le envidia y se le persigue. Ese jugador que tras marcar contra el Dortmund pidió calma con semblante valentón y morritos de perdonavidas. Gesto que no era la primera vez que hacía, por cierto, y no recuerdo que las crónicas de ese partido hablasen de una fijación del público alemán contra el portugués. Cristiano es un jugador provocador, al que le va la marcha y que no rehuye la guerra. ¡No se puede acusar al que te pega un cañonazo si antes le has lanzado un balazo! Cristiano es muy bueno, pero no se le insulta por eso, aunque sea el argumento principal de los que le defienden. Se le insulta por sus bailecitos, brazos a los oídos, peinetas, muslitos, gestos. No estoy justificando a los que se ceban con él, pero no creo que lo hagan con el Cristiano “futbolista” sino que apuntan al Cristiano “personaje”.

Puede parecer una justificación al insulto, ni mucho menos. Sólo apunto que en el clima de nociva normalidad que vivimos, no entiendo tanta alarma por el “caso Cristiano”. Aunque si sirve para que se empiecen a tomar medidas para el beneficio de todos, bienvenidas sean y le daremos las gracias. Pero mucho me temo, que no van por ahí los tiros.

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