Las claves del Benfica-Barça

El Barça supo domar un partido menos fiero que el planteado por el Sevilla. El tempranero gol de Alexis facilitó la contemporización culé, que acabó convirtiendo el partido en un rondo que Cesc se encargó de decidir. La victoria, previa al clásico de liga, queda en trámite tras una nueva lesión de Puyol, que esbozó una imagen escalofriante con el codo totalmente desmontado del brazo.

1 – Tito confirma que no es Pep

Este Barça es diferente al de la era Guardiola. Ni mejor ni peor, eso lo decidirá el tiempo, tan sólo distinto. Años atrás se apostaba por la acumulación de centrocampistas, hipnotismo en la circulación de balón y cambio de velocidad en los últimos metros. Tito prefiere sacrificar sobones de balón, tocadores en corto, en busca de una mayor profundidad por las bandas y en llegada de segunda línea. Alexis y Pedro abren el campo, con posiciones más fijas que embozan muchas subidas de los laterales. Alves y Alba aportan menos llegada, pero participan más en la salida de balón. Por su parte Fábregas se ha confirmado como un llegador, ideal para desmarques de ruptura y para alternarse con Messi en la posición más avanzada del equipo, llegando incluso a jugar ambos en paralelo durante fases de los partidos. Con tres efectivos menos en la medular, el Barça consigue más centros al área, más verticalidad, pero pierde sinfonía y control de los partidos. Busquets y Xavi, a la espera de Iniesta, se quedan sólos para gobernar un centro del campo menos poblado, y deberán demostrar su capacidad de jugadores anfibios para adaptarse a una forma de jugar más viva y descontrolada. Esta nueva variante le otorga al Barça una nueva esencia desatascadora que no tenía en el pasado, cuando costaba romper los partidos que se atrancaban ante el planteamiento defensivo de los rivales. El nuevo registro de momento ha permitido tres remontadas (Osasuna, Spartak, Sevilla), pero también ha destapado ciertas carencias a mejorar. De un modo u otro, el Barça es un equipo que posee infinitas variables tácticas, que pasan desde usar línea de tres en partidos adversos a volver al fútbol control (como la segunda parte de hoy) en partidos que se ponen de cara. Este Barça es más completo, pero quizá sea menos Barça. Es una paradoja que el tiempo se encargará de confirmar o desmentir.

2- El Messi de hoy, el Messi de siempre

No me había convencido Messi en este inicio de temporada. Es el mejor jugador del mundo, amigo de la estadística, capaz de acumular números positivos sin acabar de brillar. Llevaba seis goles en liga, dos en Champions, muchos decisivos, pero no me acababa de convencer. Lo veía trotón, individualista, picado con el mundo, como si hubiera olvidado el poder del colectivo que le ha alzado a la gloria en estos años. Hoy he vuelto a ver al Messi participativo, capaz de buscar su jugada, pero también capaz de atraer defensas para servir en bandeja el gol a un compañero que se aprovecha de los espacios creados (ejemplo en el gol de Fábregas). Messi tuvo que acaparar protagonismo goleador el año pasado ante las ausencias de Villa y Pedro y la pobre segunda vuelta de Cesc. Llegó a las cincuenta dianas, pichichi indiscutible, pero insuficientes para besar el trofeo de liga. Este año hay jugadores capaces de ver puerta con continuidad. Pedrito sorprende y asegura goles, Cesc es un seguro de segunda línea y Villa moja cada vez que sale. Messi debe acordarse que al Barça le fue mejor cuando él tuvo socios de cara al gol. Sus dos asistencias de hoy apuntan a la vuelta del Messi de siempre.

3- Pensando en el clásico

Con el pleno en liga y Champions, el Barça tiene la posibilidad de dar una estocada grande al rival si le vence el próximo domingo. Tito sabe que el Madrid les ha ganado en los últimos partidos de liga y supercopa, y preparará el partido a conciencia ayudado por un estado de motivación sin excesiva presión. Con Iniesta y Piqué de vuelta, más Villa de revulsivo y Cesc a tono, el Barça está en condiciones de acercarse al partido como favorito para ganarlo. Pero un clásico es un clásico, y nada tiene que ver lo anterior, como se demostró el año pasado cuando el Madrid pudo ponerse con 9 puntos de renta pero el Barça salió del Bernabéu con solo 3 de desventaja. El fútbol no se puede calibrar, y menos un clásico.

4- Puyol y la defensa

Alguien le ha hecho vudú o magia negra al bravo capitán azulgrana. Acumula más horas de enfermería que minutos jugados, y la de hoy es de esas lesiones aparatosas que quedan en la retina. El banquillo del Barça era un poema tras su lesión, al igual que la postura de Alexis, agachado en el campo y tapándose la cara con las manos. Otra vez le toca a Puyol empezar de cero, dejando un boquete en la defensa que se confirma como la zona maldita del equipo. Mascherano está asentado, pero necesita al lado un zaguero de experiencia contrastada, y no lo encuentra en Song. El camerunés aporta ganas y le sobran condiciones físicas, pero muestra una apariencia torpe y nerviosa que no ayuda a tranquilizar a un equipo que como cualquier bloque debe comenzar a cimentarse desde atrás. Tito tendrá que buscar una mutación, como la de los lagartos, o una evolución, como los pokemon, para alinear una defensa de garantías ante el Madrid. La velocidad de Cristiano, Di María e Higuaín, o el temple y las cualidades de rompecinturas de Benzemá se antojan un test demasiado complicado para una pareja de centrales tan inexperta. Tito es el técnico, para él es la papeleta.

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