Más que un tenista

Este espacio está especialmente dedicado al fútbol y el arbitraje, pero me tomaré la licencia de desviarme de lo habitual para hablar de uno de los deportistas que más he admirado, por no decir el que más. Juan Carlos Ferrero se retira, y qué menos que dedicarle estas líneas.

Hasta siempre, campeón

Recuerdo aquel cuartito claustrofóbico; había cuatro paredes mustias, dos estanterías simplonas, y una tele arcaica, de las que tardan unos segundos en encenderse y tienen botoncitos que debes pulsar para cambiar de canal. El destierro, lo llamaba yo. Pasé muchísimas horas metido en ese rincón con olor a rancio, luchando contra la claridad cegadora que se filtraba por los ventanales que daban al exterior. Yo era demasiado pequeño (no más de 12 años) para exigir una tele en mi habitación o tener acceso al mando a distancia de la pantalla del gran salón de casa. No había más remedio que pelearme con mi hermana por ese recoveco enlatado en el que para ver la tele habías de sentarte en un escalón que hacía mella en las posaderas pasado un rato. Fue allí donde alimenté mi “frikismo” por el deporte (o mi “vocación periodística”, según se mire), viendo partidos de la PREMIERE, resúmenes de los goles de ligas extranjeras, etapas del tour de Francia (de las chulas, las de 200 km llanos), y por supuesto algún que otro partido de tenis.

No recuerdo como fue. De tenis sabía las reglas, que existía un torneo que se llamaba Roland Garros que se jugaba en tierra, y si acaso el nombre de un par de españoles que estaban en el top-ten en ese momento (Corretja, Moya, y poco más). No creo que hubiera visto jamás un partido completo. Fue entonces cuando una tarde eterna de niño preadolescente, imagino que zappeando por los 9 canales disponibles de esa mítica tele, descubrí a Ferrero. Le vi ganar un partido en Roland Garros, todavía con Andrés Gimeno al micrófono. Me gustó la experiencia y volví a repetir al día siguiente. Así fui descubriendo los entresijos del tenis, sus golpes, estrategias, y su encanto. Ferrero acabaría perdiendo con Kuerten aquel año, pero había ganado un ídolo para toda la vida.

Pasé algún tiempo pensando que al tenis sólo se jugaba un par de veces al año. Tuve que esperar a que Internet llegara a mi casa para descubrir el circuito ATP, los Máster 1000, los Grand Slam, la copa Máster, la copa Davis, etc…Recuerdo partidos memorables contra Kuerten, Hewitt o Agassi. Victorias míticas como la primera copa Davis, su primer y único Roland Garros, o el Máster de Madrid en el que venció a Federer y Massu. Pero también amargas derrotas que personalmente me marchitaban todo el día; la final del Us Open contra Rodick, la final de RG contra Albert Costa, o la final de la Davis contra Australia en hierba.

Ferrero ha sido el deportista que más emociones me ha transmitido. He sufrido en sus partidos, me he retorcido en una silla mientras le veía, le he animado desde la distancia, he pasado tardes mirando la pantalla del ordenador para seguir el score de un partido no televisado, he trasnochado por verle en un torneo menor jugado en la otra parte del mundo. Incluso tuve la oportunidad de verle en directo cuando vino a jugar a Alicante la Davis contra Francia (ganó a Santoro). Me he grabado sus partidos, he renunciado a tardes interesantes por verle jugar. En definitiva, he vibrado, he sufrido, me he cabreado, me he emocionado. Y todo gracias a él. Me gustan otros muchos deportistas, pero sin duda, Juan Carlos es el número uno en mi ránking.

Es fácil aficionarse a un nº1. Ferrero me enganchó cuando era el mejor, pero cuando realmente me ha cautivado ha sido posteriormente, a partir de 2004, cuando los resultados dejaron de sonreírle y los focos se fueron a otra parte. Lesiones, caídas en el ránking, derrotas dolorosas…daba igual, al torneo siguiente volvería a verle jugar. Fueron muchos años de finales sin conseguir un título, de arreones esporádicos sin continuidad. Nadie discutía su calidad, pero sólo la mostraba a cuenta gotas.

Él hizo que me gustase el tenis. Incluso me animé a jugar algún día, y ahora me defiendo. Pronto veremos por última vez su derecha letal, su revés a dos manos, su toque de muñeca. En Valencia se despide, y espero poder estar ahí para agradecerle su impacto en mí. Me gustaría volver a ese cuartucho y rejuvenecer para no tener que asumir que esto se acaba. Ferrero se retira, este día tenía que llegar. Gracias, campeón.

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