Espíritu olímpico

Los Juegos Olímpicos son el mejor acontecimiento deportivo que existe por muchas razones. Desde su simbolismo, enmarcado en aros de fuego, hasta su variedad de displinas (individuales, por equipos, en agua, de contacto, de plasticidad, de superación…), pasando por una competitividad brutal que hace a los españoles un poquito más españoles, a los británicos un poquito más británicos, y así hasta el país menos representado que se siente partícipe de esta fiesta del deporte. Unos juegos son convivencia, pasión, hermanamiento, espectáculo, sueños. No todo son medallas, éxitos, fracasos o decepciones. Unos juegos son un acontecimiento único, imposible de empañar y casi imposible de describir. Por ello no lo haré y me limitaré de hablar del papel de España en estas olimpiadas.

Nos han acostumbrado al engaño. Nos han hecho creer que fútbol y deporte son términos similares, cuando el primero no es más que una minúscula porción del queso enorme que simboliza el universo deportivo. Ser campeones del mundo y de Europa en fútbol parece que nos hace invencibles como españoles (Soy español, ¿a qué quieres que te gane?). Si se condimenta con algún éxito en otras disciplinas punteras (baloncesto, tenis) puede provocar que el ego atiborre hasta el empacho. Luego vienen unos juegos, nos cuesta encontrar la banderita de España en el medallero, y el golpetazo de realidad es brutal, como escapar de la hipnosis. Surgen entonces las voces cuerdas que hablan de inversión deportiva y otras argumentaciones que nos hacen envidiar a otros países.

Deportistas semi-anónimos, con mínimas cuotas de difusión durante los últimos 4 años, son los que mantienen el listón cuando llega la gran cita de unas olimpiadas. Estas dos semanas “las chicas son guerreras”, el mes que viene volverán a ser “olvidadas”. Nuestra nadadora es una “sirena”, nuestro triatleta un “superhombre”, nuestros taekwondistas unos “héroes”, y así puedo seguir. Durante dos semanas ese puñado de deportistas acumula portadas, entrevistas y felicitaciones. El resto del año si acaso se les ocurre ganar tienen un hueco después de las rondas informativas que repasan cada quince minutos como va el fútbol (el año pasado hasta los partidos de segunda B). El fútbol es lo que la gente consume, pero porque es lo único que ofrecemos. Cuando no hay fútbol, estos deportistas que se desloman en la sombra llegan a set TT en España, demostrando que si se informa de ello y se televisan sus hazañas, la gente también los ve con gusto, y se emociona con ellos. Como nos hemos emocionado con Mirella, con Maialen, con Javi, con las chicas de la sincro, del waterpolo o del balonmano. Ellos conforman el verdadero espíritu olímpico.

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