Sabelotodos y ventajistas

Vivimos en un país de sabelotodos y ventajistas. Twitter ardía anoche con la debacle olímpica, y costaba encontrar un análisis o un titular coherente. Pedimos a los jugadores que sepan perder (esto lo analizaré más tarde) sin pararnos a pensar los excrementos que evacuamos en 140 caracteres. Milla parecía un inepto, un incapaz, un aprendiz, un novato, un negado. Ander Herrera de pronto era Maradona, y su suplencia un sacrilegio. ¡Quiza el chaval no estaba al 100%! Y que decir del árbitro, un auténtico bellaco, ladrón miserable. Y por si la inmolación no era cumpleta, siempre aparecen los chupasangres recordando que “no había ningún madridista en la lista”, para vengarse de los mismos catetos que se burlaban de ello hace unas semanas. Somos España, y el ganar sólo nos ha hecho peor perdedores. Si es así prefiero la época de cuando no pasábamos de cuartos.

La frustración puede con España

Más allá del vertedero de opiniones, imagino que existe explicación a lo que le sucedió a España. No es normal que un equipo campeón de Europa pierda contra Japón y Honduras y no sea capaz de marcar un sólo gol. Falta frescura, pero sobra calidad, y la selección no ha sabido imponerla. El segundo partido no corrigió los errores del primero. No había salida de balón, ni precisión en las combinaciones, ni control del partido. España apenas incomodó a Honduras en la primera parte, mientras que repitió los despistes defensivos del primer día, que volvieron a costar un gol. A partir de entonces un equipo sin reacción, sin cohexión, sin personalidad, lejos de su mejor forma. Coke y Isco fueron dos caricaturas de lo que son en sus equipos, mientras Adrián y Mata buscaron solventar sólos la situación con jugadas individuales que se perdían en recortes o remates imposibles. Muniaín aportó nervio, y creó peligro a una inexperta defensa hondureña que logró cumplír el milagro de ver como pasaban los minutos con el portal a cero. La suerte no estuvo de cara, privando a España de una remontada que en la segunda mitad mereció de largo. Entre el poste y el portero ya avisaron que la noche se prometía oscura, y el árbitro acabó confirmándolo al no decretar penalti en dos derribos que los españoles protestaron con vehemencia. Soy bondadoso al calificar de “protestas” lo que fueron envestidas, corrillos y intolerables pataletas de mal perdedor. El árbitro dejó ver sus nervios y no se mostró seguro en sus decisiones, permitiendo las iras españolas que  merecieron alguna tarjeta de un color más rojizo que el amarillo.A mi juicio el primer penalti es “penaltito”, y el segundo más pitable. Pero da igual, la imagen de la selección campeona de todo sufrió un borrón bochornoso. Y aunque se juagaran mucho y tengan menos de 23 años, ya son responsables de sus actos y comportamientos. España no perdió por el árbitro, sino por otros muchos factores, y a los otros culpables nadie les ha zarandeado o embestido. Ayer, he de decir, me sentí algo avergonzado de ser español.

Otras disciplinas

Los juegos no han comenzado todo lo bien que esperábamos, y las voces pesimistas empiezan a imponerse a las previsiones eufóricas previas al comienzo de las olimpiadas. Al tiro en el pie del fútbol hay que sumar el tiro al larguero de Sugoi en Judo (nadie sabía quién era, ayer todos lloramos con su derrota). En dos días no varía el rosco inicial de preseas, pero el baloncesto, el balonmano, el waterpolo o el tenis avanzan con paso firme a la espera de ver brillar algún deportista individual. Veremos si al tercer día hay algún metal que morder.

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