Ramos no rellenó la barra

Hace unos meses cuando un grupo de amigos se reunía a jugar unas partidos a la consola, se repetía la misma frase en el momento en que Sergio Ramos se encaminaba a lanzar en un desempate a penaltis: “¡Chuta Ramos, la manda fuera del campo!” Rizando la burla, algunos incluso rellenaban la barra a propósito para imitar su lanzamiento frente al Bayern y provocar la risotada general. A partir del jueves los comentarios serán distintos: “¡Chuta Ramos, seguro que a lo panenka!”. No habrá que completar la barra, tan sólo rozar sutilmente la tecla, como Sergio hizo al batir a Rui Patricio, sacándose un puñal clavado en el fondo de su orgullo.

España celebró el pase a la final, esta vez de verdad. No hubo medias alegrías, el abrazo a Fábregas fue generalizado y desmedido. La situación lo merecía, regando de esperanza y emoción a un país marchito y deprimido. España no sólo se ha acostumbrado a ganar, también ha aprendido a ganar, que es algo distinto. En los partidos sencillos la sinfonía les hace levitar y el equipo enamora, pero en los partidos trabados surge el orgullo, la solidez y la capacidad de sufrimiento de un grupo esforzado, unido y solidario. Portugal planteó dificultades, asfixió en la presión y buscó los latigazos de Cristiano. España comenzó avisando pero se fue perdiendo en la espesura, hasta sentirse inferior a lo largo de los 90 minutos.En la prórroga, sin Xavi y con bandas, se revolucionó el ataque, con un Iniesta colosal y un Pedrito electrizante. Falto acierto en la definición, pero se compensó en la retaguardia. Los cuatro escuderos de Casillas estuvieron inmensos, con mención especial para Ramos, hombre del partido. Busquets y Xabi también elevaron su nivel, maniatando cualquier ofensiva portuguesa y desvaneciendo el ímpetu de Cristiano que no acertó ni de jugada, ni de falta. De penalti ni siquiera lo probó.

En la final espera Italia, para completar un círculo que quedó abierto en Polonia, donde ambas selecciones firmaron un empate con cuentas pendientes. Ahora el duelo es diferente, con una Italia más fortalecida pero una España que apura al máximo el brillo de su estrella para sacar los partidos adelante. Balotelli fulminó a Alemania, donde el duelo generacional no acabó de llegar. Cuando una final es muy esperada, dificilmente se produce. Antes de la Eurocopa nadie daba un duro por Italia. Algunos de esos ahora incluso la dan como favorita. Puede ser un triunfo memorable, pero sólo será histórico si gana España. Ahora lo tiene más cerca, a noventa minutos. O 120, quién sabe.

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