las miserias del grupo de la muerte

En todos los torneos hay un grupo denominado “el de la muerte”. Portugal y Alemania son los finalistas de las últimas dos Eurocopas, y Holanda subcampeona del pasado mundial.  Alguno de los tres se quedará en el camino, o quizá dos de ellos si la cenicienta de grupo voltea las apuestas.

Holanda – Dinamarca

Debutar en un torneo corto siempre es complicado. En el primer partido son habituales los nervios y la tensión, que complican siempre al favorito. Que se lo digan a Holanda, que se topó de bruces con la cenicienta del grupo. Dinamarca esta vez no perdió ningún zapato y esperará quedarse en la fiesta más allá de las doce de la noche. Krohn-Dehli, Eriksen y Bendtner forman un ataque incisivo, capaz de punzar en una defensa añeja como la holandesa. El habilidoso jugador del Brondby (Krohn-Dehli) asustó con un triple amago (amagó una vez pero sentó a tres defensas de sopetón), pero el susto se confirmó en pesadilla ante la nula efectividad de los Robben, Van Persie y compañía, incapaces de acertar en alguno de sus casi 30 lanzamientos a puerta. Sin creación en el medio, sin asociación colectiva y sin llegada de segunda línea, Holanda se fue ahogando sin remedio. Los tiros lejanos y los destellos individuales fueron insuficientes para remontar un partido tramposo y atascado desde el inicio. Dinamarca se llevó un premio inesperado, y Holanda un varapalo importante que le exigirá lo máximo ante Alemania y Portugal. Siempre hay sorpresas. Ayer vivimos la primera.

Alemania – Portugal

En el fútbol es importante tener un estilo propio. Alemania y Portugal hicieron un mal partido; temerosos, conformistas, sosos en su apuesta. Pero Alemania no renegó de tener la pelota, de profundizar por banda y colgar balones al área. Aún sin la chispa de otras ocasiones, el combinado alemán buscó el ataque a través del toque y la combinación. Portugal asustaba a la contra, pero sin su personalidad habitual, que no emergió hasta que se vio perdida. Tras el 1-0 la selección lusa sí fue un vendaval, incomprensiblemente tardío, rozando el empate y descubriendo preocupantes fisuras en la retaguardia alemana. Antes Mario Gomez había hecho justicia con un soberbio y oportuno cabezazo. Sin la mejor versión de Ozil y con Podolsky y Muller algo oxidados, faltó imaginación en el ataque germano. Súper Mario llegó al rescate de su selección, cosa que no pudo hacer Cristiano, muy gris el día que Messi hacía un Hat-trick a Brasil. Ambas selecciones deben mejorar, pero hacerlo desde la tranquilidad de la victoria es más fácil que lograrlo desde la urgencia de la derrota.

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