El grupo de las cuartofinalistas

Por fín comenzó la Eurocopa. Durante cuatro años hemos saboreado el recuerdo del gol de Torres en Viena. Jamás olvidaremos esa anticipación milagrosa y esa definición sutil que enmudecieron Alemania. Pero desde ayer ese momento es historia. Quince selecciones buscarán resarcirse y España intentará relamerse. De fondo dos ciudades dispuestas a paladear el mejor fútbol del continente. La sobriedad de polonia y la gelidez eslava de Ukrania pondrán marco a una esperada proyección. Ayer la primera diapositiva, el primero de Julio, la última. Todos querrán salir en ella, pero sólo un himno retumbará para coronar al nuevo campeón de Europa.

El grupo A es el más abierto de todos. Todas las selecciones pueden estar en cuartos pero nadie da un zloty polaco por que alguna llegue a semis. Por ello es el grupo de las cuartofinalistas, abocadas a ahogarse en el cruce con Alemania, Holanda o Portugal. En la primera jornada Rusia presentó su credencial de país emergente. Dolido por perderse la cita mundialista, el combinado soviético comenzó el partido como un ciclón, acabando de idéntica manera. Dos goles en el primer cuarto de hora y otro par de ellos en el último destrozaron la voluntad checa, siempre lejos de la remontada. La clase de Arshavin, el olfato de Dzagoev y la colaboración de Pavliuchenko mutilaron el muro checo cimentado en Cech, que fue superado en oleadas. Rusia se perfila como la favorita del Grupo y deja a la República Checa al borde de la eliminación.

El partido inaugural fue más igualado y revoltoso. Polonia vivió la cara y la cruz del organizador. El ímpetu inicial le llevó a tomar ventaja pero el nerviosismo posterior le hizo perderla. Mostró un juego de alto voltaje, incisivo, pero por momentos deslabazado. Incapaz de amarrar la victoria, permitió revivir a Grecia, que demostró ser una selección más experimentada incluso con inferioridad numérica. El empate final ni da ni resta esperanzas.

Velasco Carballo

Debutar en el partido inaugural no es fácil. Él representa un colectivo pero de alguna manera también representa a un país, y los españoles nos sentamos a presenciar el inicio de la Eurocopa con un ojo puesto en el árbitro madrileño. Hay partidos en que hay mucho que pitar y otros en que apenas hay nada, y a Velasco le tocó uno de los primeros. Hubieron jugadas de área y decisiones disciplinarias importantes que tomar. Como es habitual en estos casos se mide más el error que los aciertos. La segunda amonestación al jugador griego es rigurosa, vista desde la tele y con la trampa de la alta definición. El resto de partido se manejó correctamente, incluido el penalti a favor de los helenos. No creo que influyera en en resultado. Su Eurocopa sólo acaba de empezar.

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