Benzemá no bastó para conquistar Munich

Al  Madrid se le afeó al final un resultado que era lo único positivo que estaba luciendo en Munich. Los blancos se difuminaron tras lograr un gol más deseado que merecido, y acabaron pagando el conformismo y la relajación.

Se enfrentaron dos equipos de caretas similares, muy verticales en su juego, veloces al contragolpe y con puñales en las bandas hacia donde canalizan su juego. Los extremos bábaros superaron en presencia a los madridistas, y por ahí fraguó el Bayern su superioridad. Cristiano participó menos que de costumbre y careció de su exilir letal, mientras que Di Maria se perdió en guerras individuales y no encontró su sitio ni en banda ni por el centro. En frente Ribery firmó una gran primera parte, culminada con el gol que abría el marcador, y en la segunda fue relevado por Robben, de menos a más durante el partido, que mostró garra para echarse el equipo a la espalda tras el gol del empate blanco.

El Madrid mostró debilidades habituales esta temporada; la estrategia costó un gol y algún que otro susto. Coentrao volvió a evidenciar falta de determinación y calma en jugadas puntuales, que esta vez si tuvieron trascendencia en el marcador. Ofensivamente al equipo le faltó acción conjunta, pues ni desdoblaban los laterales ni apoyaban los centrocampistas. Y Mourinho falló en los cambios, sacrificando a los dos jugones (Ozil, Benzema). A raíz de ese momento el Bayern recuperó la pelota y demostró la pegada de un equipo candidato a todo. Mario Gómez perdonó por dos veces pero no lo hizo una tercera para firmar un 2-1 que permitirá a su equipo plantear un partido a la contra en el Bernabéu, donde el Madrid a poco que mejore los detalles mencionados debe confirmar una superioridad que hoy sólo insinuó.

En el apartado positivo cabe mencionar a los dos pelados, que sostuvieron al equipo, uno arriba y otro abajo. Pepe fue un muro todo el partido y disimuló la discreta actuación de Ramos y Arbeloa. Benzemá se salió, en un repertorio de movimientos descomunal que le ratifican como jugador de grandes citas. El año pasado no jugó ni un minuto en semifinales de Champions, gran pecado. El francés cayó a banda con acierto, se asoció con precisión, se desmarcó con descaro e interpretó el juego de espaldas a portería con sublime inteligencia. Fue el MVP de un Madrid conformista, que deberá voltear en el Bernabéu el tropezón de hoy si quiere volver a Munich esta temporada.

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