Otro deporte, otra mentalidad (Parte III-el desenlace)

Gabriel Brazenas en su partido más difícil

Gabriel Brazenas en su partido más difícil

 CAPÍTULO 4 (No se mueve el marcador)

           La cuenta atrás comenzaba a ser agónica para Vélez y para los seguidores locales. Tan sólo un acierto les separaba de la corona. Los Quemeros, por su parte, no podían celebrar la conquista momentánea que suponía el empate sin goles puesto que todo podía cambiar en cualquier instante. La banda de Líners fue cubriéndose de delanteros locales que calentaban para entrar de refresco e intentar lograr el ansiado tanto. Cappa también movió ficha introduciendo más centrocampistas que sosegaran el ritmo y condujeran con parsimonia el encuentro hasta el pitido final.

           La segunda mitad fue tan igualada como la primera pero sin tantas opciones de gol. Pasaban los minutos bajo la sensación de que el marcador acabaría moviéndose pero con la incertidumbre de no saber el conjunto que variaría el guión que parecía encaminado al cero en ambos casilleros.

           Brazenas, no ajeno al nerviosismo que envolvía Líniers, se mantuvo correcto en el inicio de la segunda parte, a la espera del clímax del encuentro que también a él cubriría de gloria o hundiría en la miseria (valgan dos tópicos recurrentes)

CAPÍTULO 5 (Se armó)

           La inquietud de los locales se convertía en angustia con el paso de los minutos, y el nerviosismo de los visitantes daba paso a la congoja y la agitación.

           Corría el minuto 83 de partido, con tan sólo siete por disputar más el largo descuento propio de un choque bronco con muchas interrupciones. Vélez, lejos de rendirse, probaba otra incursión por banda, la enésima de la tarde. Esta vez el centro desde el flanco izquierdo aportaba matices diferentes a los anteriores. El esférico se dirigía a un hueco libre en el área hacia donde se acudían apresurados Larrivey, delantero de Vélez y Monzón, cancerbero de Globo. La jugada recordaba a las habituales en “Oliver y Benji” (mítica serie de televisión), en la que el balón parecía ralentizarse y los jugadores no llegaban nunca al destino.

           Monzón contaba con el inconveniente de que el centro era raso y no podría beneficiarse de la ventaja de utilizar las manos. Aun así, el meta se lanzó sin dudarlo con las manoplas por delante hacia el cuero, a la vez que Larrivey hacía lo propio deslizándose para rozar el balón con el pie derecho.

           El choque era inminente y se produjo. El portero de Huracán se anticipó ligeramente pero no logró atrapar el esférico ante la acometida del ariete de Vélez, que embistió al cancerbero haciéndole perder el control del balón. Ese era el momento. Líniers enmudecía y quedaba pendiente del silbato de Brazenas, pero este no sonó y Moralez, aprovechándose del balón suelto, lo empujó a la red sin la oposición de Monzón, en el suelo tras el encontronazo con Larrivey. Vélez se adelantaba en el marcador

CAPÍTULO 6 (Vencedores, vencidos y verdugo)

           Las protestas no cesaban. Los jugadores de Huracán se mostraban incrédulos por lo surrealista de la jugada y reclamaban persistentemente falta sobre Monzón, Cappa se desgañitaba desde el banquillo y Líniers al completo festejaba el tanto que les devolvía el clausura cuatro años después.

           Desde el gol apenas hubo fluidez en el juego. La tensión ya existente se mezcló con la rabia de Huracán y dio como resultado una muestra explosiva que deparó numerosos piques entre los contendientes. Llegado el minuto 90 el cartelón mostró ocho de descuento. La insistencia de Huracán fue inútil, y el pitido final otorgaba el campeonato a Vélez y hería de muerte a Globo, que lo tuvo en su mano durante muchos minutos.

           Con el pitido final los jugadores y aficionados de Huracán estallaron contra Brazenas, pero en especial lo hizo Cappa, primero sobre el césped y después en sus declaraciones: “La patada de Larrivey a Monzón, creo, la vieron desde la cancha de Newell’s”. Por su parte, los seguidores de Vélez, agradecieron a Brazenas su actuación cuando éste, incrédulo, se retiró al vestuario: “La verdad es que no sé la razón por la que los hinchas de Vélez no paraban de darme las gracias. No me doy por aludido”.

EPÍLOGO

           Hasta el momento, los hechos no extrañarían a un aficionado español. Un partido decisivo con la liga en juego puede deparar polémica y desatar reacciones similares a las del duelo de Líniers.

           Lo inusual ya se atisba con las afirmaciones del árbitro tras el partido en las que se muestra incrédulo por los agradecimientos del público local. En España sería impensable que un colegiado realizara unas declaraciones similares. Sin embargo, este hecho no es relevante en relación a otros que llaman la atención y hacen reflexionar sobre la cultura futbolística europea y en particular española a la hora de deshumanizar a los colegiados.

           Buscando en Internet crónicas sobre el encuentro, me sorprendí al no encontrar lo que esperaba. Tras la actuación arbitral, suponía que las reacciones de la prensa argentina irían cargadas de crítica, sátira e ironía contra el colegiado del encuentro. Sin embargo, apenas logré reunir adjetivos dañinos contra la actuación del colegiado.

           Las frases siguientes corresponden a dos crónicas de diarios argentinos, y entre paréntesis he añadido lo que a mi juicio, después de haber leído a muchos cronistas españoles, pienso que escribirían ellos.

 -El árbitro Gabriel Brazenas, de flojísimo (vergonzoso) rendimiento.

 -A los 38, convalidó (increíblemente) el gol de Moralez, pese a la falta (que solo él no vio) de Larrivey sobre Monzón.

 -Pero ayer, en Liniers, entre sus fallos y las responsabilidades de los asistentes tuvo un muy mal (bochornoso) arbitraje

 -Sin embargo, más allá de algunos aciertos, que los tuvo, cometió errores importantes.  

 -Ya a los 9 minutos del primer tiempo el juez de línea Ricardo Casas (de brazo ágil) le anuló en forma incorrecta un gol a Huracán.

 -Más allá de que le anuló bien un tanto a Nieto por offside a instancias del línea Hernán Maidana, Brazenas acumuló desaciertos (despropósitos).

 -Brazenas, acertadamente, decidió suspender el partido.

            No dudo que habrá crónicas argentinas que también sean duras con el colegiado, pero no deja de llamarme la atención la diferencia entre un país y otro. En España no se citan los aciertos como se lee en las frases anteriores, y no se habla de error sino de robo, no se dice que los colegiados pueden tener un mal día sino que son muy malos. No imagino crónicas tan suaves en España en un Madrid – Barça que decidiera el campeonato. En nuestro país, una actuación así de un colegiado, habría levantado el rumor de conspiraciones semejantes al villarato, porque aquí los árbitros siempre se equivocan por algo. Insisto, no debería sorprender, pero sorprende.

            Curiosamente, la crónica que más se ceba con el colegiado es la del diario Marca de España, que afirma que “Brazenas le dio el triunfo a Vélez” y “se cubrió de gloria”

            Lo asombroso no queda ahí. En los programas televisivos  argentinos de análisis sobre el partido el invitado no era otro que el propio Brazenas. El colegiado se defendió, aportó su versión y reconoció sus errores: “”Fallé en dos jugadas determinante que debieron haber sido sancionadas”,“en la cancha me fui plenamente convencido  de lo que sancioné en la jugada de  Monzón con  Larrivey, que no va en plancha sino inclinado”. “Con los dos ojos que tienes no puedes competir con la  televisión”

            En España dudo que un colegiado se paseara por las radios y platós televisivos, conociendo como se las gastan los periodistas, mientras que en argentina parece que es una sana costumbre.

            Cuando ya pensaba que el asunto no podía sorprenderme más, casualmente oyendo radio marca me percaté de que estaban entrevistando a Brazenas y Ángel Cappa. ¡A la vez! ¡Qué locura! No imagino al Caparrós o Camacho de turno discutiendo sobre las jugadas polémicas en una radio española en presencia del árbitro que les acaba de perjudicar.

            La relatada es una historia con moraleja, pero en España, con la cultura futbolística existente, es una utopía. Presumimos de fútbol, de tener a los mejores jugadores, pero carecemos de educación.

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