Otro fútbol, otra mentalidad (Parte II- Estalla el duelo)

PRÓLOGO

            Vélez llegaba al partido con 37 puntos, a uno del líder Huracán. El caprichoso calendario había citado a los aspirantes para la última jornada del clausura. Líniers era un hervidero de aficionados deseosos de ver la victoria de su equipo que le otorgaría el campeonato, pero “el globo” tampoco estaría sólo en terreno hostil, puesto que multitud de Quemeros se desplazaron para apoyar a su equipo, al que con un empate le bastaba para rozar la gloria.

           Por su parte, Brazenas se sentía preparado para la cita: “Uno con el tiempo ya termina estando capacitado para este tipo de circunstancias, con más experiencia y aplomo”. El colegiado argentino conocía a sus compatriotas y su manera de entender el fútbol. Sabía que éstos no dudarían en buscar lo que él llama ventajitas: “Actúan en el sentido de querer sacar la ventajita que nos caracteriza  a todos los argentinos. Después del partido los jugadores son uno más, te los encuentras en la calle, te cuentan anécdotas y te ríes. El jugador quiere la ventaja porque jugamos como vivimos, yo juego a la Playstation con el nene, le quiero ganar y tengo que recurrir a alguna ventajita. Con los jugadores es lo mismo”.

           Brazenas confiaba en sus posibilidades, pero sabía de antemano que en un partido tan trascendental podían surgir problemas: “Una vez entre a dirigir un Boca vs. Lanús y tenía diez cámaras a cada lado y dije: “no puedo competir, es imposible”. Por eso uno tiene que cobrar lo que ve. El domingo va a haber gente que se va a retirar bien y otra mal, haya dirigido mejor o peor”.

           Aun a sabiendas de que la tarde podía ser complicada para él y de que muchas miradas estarían atentas a su silbato, el árbitro tenía clara la receta previa al choque: “El protagonista es el jugador porque es por el que la gente viene a pagar una entrada. El árbitro es un actor de reparto dentro de esa obra que es el fútbol en la que los jugadores son los actores principales”.

 CAPÍTULO UNO (Se rompe el guión)

            Con el pitido inicial Líniers se impregno de la pasión argentina, no exenta de tensión. Los primeros minutos de tanteo, cargados de adrenalina por ambos bandos, demostraron que Huracán jugaba con menos presión puesto que si no había goles sería el vencedor. El globo domino los primeros compases, mientras que los jugadores de Vélez, quizá demasiado agarrotados, tardaron en coger el ritmo.

           Por su parte, Brazenas se mantuvo durante nueve minutos fiel a su guión de pasar desapercibido. En ese instante Huracán, mediante un cabezazo de Eduardo Dominguez, ex de Vélez (por si no había suficientes ingredientes), lograba batir al meta local Germán Montoya, pero el gol no subió al marcador por posición antirreglamentaria del delantero que posteriormente las cámaras demostraron que no era tal.

           La jugada polémica despertó a los pocos que permanecían dormidos y exaltó a los que ya de pos sí estaban bien despiertos. El encuentro se perfilaba largo, disputado y enfervorizado.

CAPÍTULO DOS (Invitado inesperado)

            El partido parecía disputarse en los más bajos infiernos, entre el fuego y la combustión generada por el ambiente de Líniers. En un ambiente tan caliente tuvo que aparecer la lluvia para apagar la llama. A los 19 minutos la tormenta, con granizo incluido en forma de inesperado invitado, obligo a suspender el partido momentáneamente. “Es un enorme riesgo para los jugadores por la gran cantidad de piedras que hay en el campo de juego”, argumentó Brazenas para tomar la decisión de mandar a los jugadores a sus vestuarios. 28 fueron los minutos de impás hasta que el clima permitió que el espectáculo volviera a la cancha.

CAPÍTULO TRES (Ritmo frenético hasta el descanso):

            El guión de Brazenas ya era historia. En tan sólo 19 minutos el colegiado había anulado un gol y suspendido momentáneamente el partido. En la casi media hora de parón, hubo tiempo para conformar otro libreto que apenas tardó cinco minutos en irse al traste. A los 24 minutos el defensa de Huracán Carlos Araujo cometió penalti sobre Martínez y Brazenas, sin dudarlo, y esta vez con acierto, señaló hacia los 11 metros.

            Tampoco se inauguró el marcador. El meta de Globo Monzón adivinó la trayectoria de la pena máxima y devolvió las esperanzas a los quemeros.

            Ni Huracán ni Vélez, pese a gozar de inmejorables ocasiones, pudieron desnivelar la contienda. La tónica se mantuvo hasta el descanso con cabezazo de Dominguez (negado en su vuelta a casa) al larguero incluído.

            El fin de la primera parte suponía un merecido respiro para los protagonistas, sobre todo porque lo mejor, como en todas las historias, todavía estaba por llegar. 

Continuará…

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