Otro fútbol, otra mentalidad (Parte I-Presentación de personajes)

            Cristiano Ronaldo se presentó ayer  como nuevo jugador del R. Madrid ante un Bernabeu repleto, lo  que demuestra la enorme capacidad del fútbol para movilizar a las masas. La invención inglesa ha traspasado la frontera de un mero deporte, y se ha convertido en referencia en toda Europa por su capacidad para crear apegos y sentimientos. Además, el fenómeno avanza y se extiende al resto de continentes, y prueba de ello es que el próximo mundial se disputará por vez primera en terreno africano (Sudáfrica).

            Sin embargo, pese a que en el aspecto económico el fútbol está creciendo hacia un horizonte sin límites, en el ámbito emocional Europa sigue a la zaga del continente sudamericano, especialmente de la hinchada argentina. Las jóvenes perlas albicelestes (Agüero, Messi, Higuaín…), muchas de ellas sin apenas darse a conocer en su país (como en el caso del barcelonista que llegó muy joven a la masía), no tardan en emigrar hacia donde se mueve el dinero. Muchos triunfan sin olvidar sus orígenes, y otros vuelven al no ser capaces de aclimatarse a un fútbol tan distinto (Riquelme) o para acabar su carrera (Simeone, Verón).

            Se puede argumentar que el fútbol argentino es más lento, que los jugadores son de segunda fila (de medio pelo incapaces de cruzar el charco, promesas sin explotar o ilustres veteranos que vienen de vuelta)  y que no es un mercado rentable, pero no se puede discutir que la carga emotiva, el ambiente en las canchas, y la atmósfera que se respira en los grandes encuentros es distinta a la que se vive en cualquier otro lugar.

            Un mismo lenguaje puede ofrecer diferentes perspectivas: entre Argentina y España,  por ejemplo, hay claras distinciones que hacen que el mismo deporte, con las mismas reglas, sea incomparable por el marco que le rodea.

            La demostración de éstas diferencias quedaron patentes en la final del torneo clausura argentino, que pese a no tratarse de un River – Boca, se bastó para movilizar al país y dejar una historia memorable en tan sólo 90 minutos.

            Si alguien se lo está preguntando, en el relato de lo acontecido el colegiado tendrá mucho que ver, y es que ya era hora de echar un vistazo a los colegas argentinos.

 El lugar

             Estadio “José Amalfitani”, donde disputa sus encuentros como local el conjunto de Vélez Sársfield, conocido popularmente como “El fortín de Liniers”. Repleto en su totalidad por 50.000 almas deseosas de presenciar el desenlace de la batalla.

 Los contendientes

            –Vélez  Sársfield: Un equipo humilde, de barrio, que el año próximo celebrará su centenario. Tras sus inicios humildes, en 1968 se alzó con su primer título oficial. Desde ese momento, Vélez se convirtió en un grande capaz de ganar el torneo Clausura en 1983, dirigido por el mítico Bianchi. El club seguiría haciendo historia con jugadores míticos como Chilavert, que alcanzaron el éxito en 1994 con la consecución de la copa libertadores y la copa intercontinental ante el todopoderoso Milán que llegaba de humillar al Barcelona del “Dream Team” en la final de la Liga de Campeones celebrada en Atenas.

            –Huracán: Club con 101 años de historia fundado en el barrio argentino de Pompeya y conocido como “El Globo” (o su diminutivo “globito”). Destaca por su hinchada (“Quemeros”).  De este club salieron hombres como César Luis Menotti o Miguel Ángel Brindisi. En la actualidad es entrenado por un viejo conocido del fútbol español, Ángel Cappa (ex entrenador de Barcelona, Madrid y Tenerife, además de ex seleccionador argentino)

 El objetivo

             El conjunto que se impusiera en la última jornada lograría alzarse con el trofeo clausura. El empate valía a Huracán, que contaba con el hándicap de jugar en cancha contraria.

 El protagonista:

             Gabriel Brazenas es de esos árbitros que no pasan desapercibidos. Posiblemente el Collina de fútbol argentino. Con sus 41 años ha sido testigo de la parte dulce y amarga del deporte rey: sus diez temporadas en primera, su internacionalidad y sus más de 200 partidos de experiencia le avalan. El contrapunto, los casi tres años que estuvo parado por una lesión de espalda. El periodo de inactividad fue un hándicap para él puesto que estaba en el apogeo de su trayectoria.

             La maldición que pareció recaer sobre Brazenas no quedó ahí, puesto que ya recuperado, vio prolongado el parón. El motivo oficioso y el que él mismo sospechó de ese nuevo impás forzoso fue un posible castigo por el cambio de look que mostró en un campeonato sudamericano, donde el colegiado sorprendió con un intenso rubio que contrastaba con su anterior cabellera morena: “En algún momento estaba cabreado con los médicos que me revisaban, ya que percibía que para algunos los exámenes eran muy livianos y para mí muy exhaustivos, aunque quiero creer que no hubo mala fe ”.Quiero pensar que aquel hecho no influyó. No creo que a alguien le molestara que me tiñese el pelo”, afirma el colegiado una vez integrado de nuevo en la máxima competición.

             De nuevo en la élite, a Brazenas le llegaba la oportunidad de reivindicarse en el partido decisivo del torneo clausura.

…Continuará…

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