Récord de tarjetas en un santiamén

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           Un compañero árbitro me decía este año que los partidos “empiezan en la segunda parte”. Según se acercan los minutos decisivos, y cuando el marcador luce una irremediable igualdad,  suele aumentar la tensión que desemboca en un mayor nerviosismo y crispación. El pasado fin de semana fui testigo de ello en una de las ya últimas aventuras de la temporada, puesto que lo que estaba siendo un partido limpio y tranquilo se convirtió en un hervidero en forma de diez tarjetas amarillas y una roja todas ellas condensadas en 20 minutos.

           Se enfrentaban el pasado sábado los equipos de la 1ª cadete del San Blas y el Benidorm. Dos conjuntos parejos en la tabla (9 puntos de diferencia a favor de los de la Marina baja que actuaban de visitantes), y más aun si cabe en el juego. Apenas había dirigido a cadetes esta temporada, y todos ellos de segunda, por lo que me sorprendió la corpulencia y el manejo del juego de chavales que no tenían nada que envidiar a muchos juveniles que he arbitrado esta temporada.

           Los precedentes en el nuevo campo de San Blas, del cual destaco los vestuarios, siempre habían sido “calentitos”, así que no esperaba una tarde plácida. El choque comenzó sin retraso a las 18:00 y el marcador no tardó en moverse: jugada bien trenzada del equipo visitante y gran definición con apenas unos minutos disputados. Espoleado por el tanto, el Benidorm pudo aumentar la diferencia pero fueron los locales los que empataron ya bien entrada la primera parte de libre directo. Los primeros 40 minutos (duración de cada parte en categoría cadete) no destacaron por la brusquedad ni la dureza en el juego pese al ímpetu que sí pusieron ambas escuadras. No fue necesario echar mano al bolsillo de las cartulinas a pesar de las tímidas protestas de ambos banquillos que presagiaban una segunda parte más bronca.

          Tras la vuelta de vestuarios, la tónica del juego no fue muy diferente: el San Blas dominaba más el balón pero las ocasiones estaban muy repartidas. Tras los minutos de alternancias llegó el punto de inflexión del encuentro con el segundo tanto del Benidorm (un derechazo a la escuadra desde fuera del área) que volvía a desnivelar la contienda. Desde el punto de vista arbitral se puede decir que en ese instante “comenzaba el partido”, puesto que los locales, dolidos tras recibir el segundo tanto aumentaron la intensidad y los visitantes lejos de arrugarse respondieron aún con más contundencia cortando cualquier acercamiento al área del equipo rival. Corría el minuto 59 de partido (ecuador de la segunda parte) y el bagaje de tarjetas seguía a cero cuando se produjo el primer pique entre dos jugadores, uno por bando. La jugada se resolvió con sendas amarillas, pero a raíz de ese instante el césped se convirtió en un campo de batalla. En el intervalo entre el minuto 59 y el final del partido (21 más el descuento) apenas hubo juego: protestas, encontronazos, pérdidas de tiempo, juego marrullero…lo que desembocó en una decena de tarjetas, siete de ellas para los visitantes y curiosamente todas a distintos jugadores, por lo que pudieron acabar once contra once. 

          Sin embargo también hubo que mostrar una roja, en este caso al entrenador visitante, que en la primera parte supo contenerse los nervios pero en el último minuto estalló en una jugada puntual: durante un lance del juego un futbolista del Benidorm cayó al suelo y queda tendido en el mismo doliéndose, pese a que desde la perspectiva arbitral no era una acción merecedora de falta. Cuando el balón salió fuera del terreno, se autorizó la entrada al mismo de las asistencias del Benidorm (en este caso del entrenador). Mientras éste se dirigía a la posición donde yacía su jugador protestaba ostensiblemente la decisión arbitral de no haber interpretado como falta esa jugada. La reclamación se fraguó en insultos varios, por lo que el entrenador tuvo que ver los últimos minutos fuera del banquillo. 

          El 1-2 final fue inamovible pese a los seis minutos de descuento motivados por las continuas interrupciones producidas en la segunda mitad del encuentro. Cómo anécdota quedan las diez amonestaciones más la expulsión (récord de la temporada).

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