Malas sensaciones en un día lluvioso

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La semana santa cada año es tan flexible en cuanto a calendario como recia y rígida en lo referente a la climatología. Ya sea en Marzo o Abril (cada principio de  año las fiestas religiosas varían de fecha), las lluvias aparecen (al menos en Alicante), en muchos casos con descargas torrenciales. A sabiendas de esto, y teniendo en cuenta el estado del cielo durante todo el fin de semana, decidí (por si acaso) asegurarme de meter en la bolsa de deporte (siempre suelo hacerlo) los recibos de partidos suspendidos antes de poner rumbo a la aventura de esta semana.

 

El destino era Agost, un campo que conocía pero no por haber arbitrado allí anteriormente. Sabía que era de tierra, lo que aumentaba el riesgo de suspensión en caso de lluvia. Hubo gotas antes de las cinco de la tarde del sábado, hora en que debía dar comienzo el partido, y en la que asomó el sol (posiblemente única vez en todo el fin de semana). El encuentro correspondiente a la tercera juvenil entre el Agostense y el Santa Pola B comenzó con normalidad y sin visos de alteraciones climatológicas durante toda la primera parte. En el descanso la tónica cambió. Fueron sólo diez minutos, pero la lluvia caída en ese breve intervalo convirtió el campo de fútbol en un barrizal. Durante unos instantes pensé que no habría otra solución que suspender el partido, algo que no he hecho todavía en mi primer año de trayectoria arbitral, pero desde el bando local se desprendía optimismo: “El campo chupa muy bien”, repitieron en varias ocasiones delegado y jugadores. Los dos equipos querían jugar, yo tampoco pretendía dejar la faena a medias y el cielo dio una tregua, por lo que intentamos comenzar la segunda parte. Las líneas de campo se apreciaban con suficiente nitidez y las ganas de los futbolistas suplieron las carencias del terreno de juego, por lo que el partido pudo concluir con normalidad, pese a que mis botas, que pasaron de ser negras a tomar el rojizo marrón del barro, hubieran preferido otra alternativa.

 

En lo puramente arbitral, no fue ni mucho menos de mis mejores partidos. Más allá de la lluvia, que no tuvo nada que ver, ni el físico, pobre tras una semana de parón por las vacaciones, ni los reflejos con el silbato me permitieron estar a la altura.

 

El encuentro comenzó con un gol de los visitantes, que superaban por un estrecho margen en la clasificación a los locales, aunque fueron los jugadores del Agostense los que más ímpetu pusieron para abrir el marcador. La primera parte concluyó sin más alteraciones en el marcador (0-1), y con la personal sensación de haber podido rendir a mejor nivel, aunque siempre quedaba la segunda parte para dejar buen sabor de boca (en esta ocasión no fue así).

 

En la reanudación, quizá por la pesadez del terreno, se produjeron más contactos físicos que conllevaron un mayor número de tarjetas. El nerviosismo de los locales, que veían como pasaban los minutos y no llegaba el empate, les llevó a la brusquedad y la precipitación que se tradujeron en tres amarillas en tan sólo diez minutos de la segunda parte. A partir de ahí, las tornas cambiaron. Un penalti por mano en el área permitió empatar al Agostense y dejó groguis a los jugadores del Santa Pola, que encajaron dos goles más en tan sólo cinco minutos, dejando el marcado en 3-1 a los veinte minutos de la segunda parte. Las protestas se sucedieron (vieron la amarilla el entrenador visitante y uno de los jugadores) y los ánimos se caldearon. A diez minutos del final, uno de los delanteros del Agostense le dice “tonto” a un contrario y ve la roja, pero ni con uno más el Santa Pola logró mover el marcador antes del final del partido al que se llegó con 3-1.

 

El balance de la semana, a diferencia de otras, no puede ser positivo. No tienen que ver las dos jugadas claves (el penalti y la expulsión), puesto que ambas a mi juicio son correctas, sino la sensación global. Muchas decisiones me dejaron dudas, no hubo frescura y me costó llegar a la mayoría de jugadas con antelación suficiente para acertar sin titubeos. Sólo es un borrón de final de temporada que sirve de aviso para este verano hacer los deberes y estar al 100% de cara a los retos de la nueva temporada (allá por octubre), si Dios quiere, en regional.

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2 Respuestas a “Malas sensaciones en un día lluvioso

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