El primo de Zumosol

 

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El fútbol base en ocasiones destaca por su desigualdad. Lo aleatorio del crecimiento de los niños afecta en gran medida al rendimiento de un equipo. No sólo me refiero a la constitución, que ya de por sí puede ser más o menos fornida implicando una mayor o menor resistencia, sino más bien a las diferencias evolutivas y de desarrollo corporal. Cada fin de semana me encuentro alevines que apenas superan el metro de estatura que contrastan con otros de la misma edad que ya miran a los ojos de sus padres sin necesidad de levantar la cabeza. Lo mismo ocurre en todas las categorías hasta llegar a juveniles, donde la disparidad se equilibra y la corpulencia es unánime.

 

Muchos equipos se condicionan por poseer un jugador de una envergadura considerable en relación a su edad. Este tipo de jugador suele actuar en ataque y recibe las asistencias del resto de compañeros. La facilidad con la que deja rivales atrás no se debe a su técnica, sino a su mayor tamaño de las extremidades que le proporciona una zancada más larga y una aparente potencia muy llamativa a estas edades. No sorprende, por tanto, que muchos equipos que se enfrenten a este tipo de jugadores acudan al vestuario del árbitro a comprobar a través de la ficha que su edad corresponde con su categoría.

 

En muchas ocasiones esto es un hándicap. Por un lado, el jugador más desarrollado apreciará su enorme importancia en el equipo, lo que le llenará de orgullo. Semana tras semana se acostumbrará a lidiar con defensas más endebles y menos rápidos que él, algo que perdurará más o menos hasta juveniles. Cuando dicho jugador de el salto definitivo, y se enfrente a corpachones tan preparados físicamente como el suyo, se dará cuenta de que el fútbol es un deporte en el que también hay que entrenar la técnica, algo que el habrá descuidado de forma irreparable en su etapa de formación. Por otro lado, el resto del equipo, en su voluntad de ganar, dejarán de lado el sabio consejo de “jugar en equipo”, y apostarán por lo fácil que es dársela al más alto y fuerte que no marca menos de cinco goles por partido, y cuyos chuts son imparables para los pobres porteros rivales que no llegan ni a tocar el larguero. Sería  algo semejante al famoso anuncio de “el primo de Zumosol”, en el que un niño atacado por otro más mayor y fuerte acude a su primo que bebe mucho zumo y le saca dos cabezas al agresor, buscando su ayuda. En este caso el jugador más corpulento del equipo sería el “primo de Zumosol” y el resto el primo endeble que necesita ayuda, esta vez para marcar goles y ganar el partido.

 

Referente a este tema me hago una pregunta: ¿qué es más importante conseguir logros a corto plazo o a largo plazo? Un solo jugador a corto plazo puede proporcionar triunfos de forma incontestable, pero a largo plazo tanto su equipo como él mismo saldrán perjudicados. La solución podría ser que los jovencitos más precarios, mejor alimentados o que vienen de una cultura más voluminosa corporalmente jueguen partidos contra gente de mayor edad, de forma que no se centren en sus capacidades físicas y desarrollen las facultades técnicas que serán las que seguramente les lleven algún día a triunfar en este deporte.

 

Cierro la argumentación con una reflexión esperanzadora para niños de todo tipo: en el fútbol existen jugadores como Iniesta, menudos y aparentemente débiles pero que te desbordan con su exquisito regate y te desarbolan con su agudizada inteligencia, pero también triunfan los denominados “tanques”, cómo Van Nistelrooy o Llorente, de gran corpulencia pero no exentos de técnica, seguramente porque en su etapa de formación no descuidaron ese aspecto, o incluso defensas como Puyol, sin mucha clase pero con una capacidad física que les hacen inexpugnables para los delanteros.

 

Algunos se preguntarán: ¿esto que tiene que ver con el arbitraje? Simplemente son lecciones sobre fútbol base y conclusiones al respecto a las que no se podría llegar sin pertenecer a esta profesión tan sacrificada como gratificante.

 

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Una respuesta a “El primo de Zumosol

  1. Claro que sí, además de árbitro eres un observador privilegiado. Me parece interesante lo que dices, puede incluso extrapolarlo a todos los ámbitos de la vida. Los niños son niños y siempre es bueno que el reto, lo inalcanzable, les dé esa chispa de la motivación.

    Por cierto, muy bueno el paralelismo con el primo de zumosol.

    Un saludo señor quijano

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