Triple crónica

 

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Los partidos de esta jornada escondían varios aspectos motivadores: tres desafíos en total en los que por fín aumentaba la actividad tras unas semanas de tranquilidad. El sábado me esperaba un viaje a Jijona, un hábitat no inspeccionado anteriormente. Visitar nuevas zonas, campos y vestuarios siempre despierta en mí una inquietud positiva. Las instalaciones, situadas en pleno polígono industrial, eran bastante amplias y parecían bien cuidadas. El partido, de categoría infantil resultó ser desigual. El equipo local (Xixona), demostró su superioridad en la clasificación y se impuso por 11-0 al equipo visitante (Denia). Este tipo de encuentros deparan dos desenlaces posibles para el árbitro: por un lado, el conjunto inferior puede desesperarse al recibir goles y pagar su frustración con el árbitro o el equipo contrario. Por otro lado, la goleada puede no afectar la moral de los chavales y técnicos que son conscientes de la superioridad del rival y tratan de divertirse con deportividad. Afortunadamente los miembros del Denia apostaron por la segunda opción, y la mañana resultó bastante plácida.

 

Para el domingo había previsto un doble duelo con San Blas como escenario. La lluvia amenazaba con participar en las batallas, al igual que había pasado en semanas anteriores. El polideportivo de San Blas, restablecido tras varios meses de obras, presentaba una imagen renovada e imponente en lo referente a vestuarios, aunque no tanto en lo que respecta al terreno de juego. El primer asalto era entre alevines: al igual que el día anterior, la superioridad del equipo local (Cabo), líder del grupo, fue notoria en su partido frente a un voluntarioso Jove Español, que cayó derrotado por 9-0. Este primer envite exento de polémica arbitral tan solo era un calentamiento para lo que vendría inmediatamente después.

 

Hacía varias semanas que no dirigía un partido de juveniles. En esta ocasión, se enfrentaba el San Blas, líder de la clasificación, frente al Ciudad de Asis, colista. La desigualdad en las estadísticas, sumada a que el equipo visitante tan sólo presentó diez jugadores, hacía presagiar un encuentro desigual que acabaría posiblemente en goleada, continuando con la tónica del fin de semana. Lo caprichoso del fútbol haría que el desenlace fuera otro. Posiblemente por la relajación de los locales o por la motivación de los visitantes, el encuentro resultó muy igualado.

 

El Ciudad de Asís, con fama de equipo problemático, defendió estoicamente las acometidas del San Blas y se retiró al descanso con un solo gol de desventaja (1-0). El portero visitante fue una auténtica  muralla y detuvo infinidad de disparos de todo tipo. Las tarjetas amarillas también aparecieron en los primeros 45 minutos, puesto que ambas escuadras se emplearon con dureza desde el principio y protestaron con más asiduidad de lo aconsejable, presagiando una segunda parte complicada si el marcador se mantenía igualado.

 

En la reanudación, el San Blas seguía atacando en oleadas pero se topaba una y otra vez con el portero y capitán visitante, que sin duda salvó a su equipo de un resultado abultado. La polémica no tardaría en llegar: primero fue un penalti muy protestado por derribo en el área a un jugador del San Blas. Los locales marraron la oportunidad enviando la pena máxima al larguero, y además vieron pocos minutos después como en una falta el equipo visitante empataba el partido. Posteriormente llegaría la jugada clave en forma de otro penalti, de nuevo a favor del San Blas, pero esta vez acompañado de expulsión. En un saque de esquina un defensa del Ciudad de Asís propina una patada por detrás a un contrario sin balón de por medio. Todo se ponía favorable para los locales que jugarían con dos hombres más (11 contra 9) el último cuarto de hora de partido. No obstante, y ante la incredulidad de los presentes, el delantero del San Blas volvía a enviar el penalti al larguero.

 

Los ánimos se caldeaban conforme se acercaba el final del encuentro: el Ciudad de Asis se ganó varias tarjetas por perder tiempo, el San Blas veía imposible conseguir el gol del triunfo y desde la grada se lanzaban todo tipo de improperios repartidos entre el guardameta rival y el árbitro. Los locales recogieron el fruto de su insistencia con el 2-1 que desequilibró el marcador y resultó definitivo para un Ciudad de Asis en inferioridad, que aun se quedaría sin otro jugador que sería expulsado por doble amarilla (la primera por protestar y la segunda por intentar marcar un gol con la mano)

        

         Con el pitido final se fueron apagando los últimos insultos, y en el vestuario del árbitro sólo quedó la soledad y la experiencia acumulada en las dos horas anteriores. Nada como un partido polémico entre juveniles para curtir a un colegiado de cara a futuras batallas.

 

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