Orgullo para el arbitraje

 

Lorenzo Ortega, en el centro de la imagen

Lorenzo Ortega, en el centro de la imagen

          Juventud, profesionalidad y futuro. Así resumiría al árbitro que hoy merece estas líneas en su honor. Alguien que lo tiene todo para triunfar y ni los elementos podrán evitar que lo haga.

Pequeños detalles que muestran como es una persona y con la profesionalidad que se toma su trabajo. Hablar con él es ver sus jóvenes ojos ilusionados por triunfar, por  aprender cada semana. Mantiene la humildad que le ha llevado a  tercera división  y no recela en compartir sus experiencias con los novatos del silbato.

 

Privilegiados son aquellos que disfrutan, que aman su profesión y no la toman como una mera formalidad, como es el caso del colegiado por el cual escribo esta entrada. El arbitraje no forma parte de su trabajo, sino de su vida.

 

Impresiona entrenar, acabar exhausto y verle como sigue trotando unas vueltas más o levantando alguna que otra pesa. Su autocrítica le sigue allá donde va, y le ayuda a no conformarse con los logros conseguidos.

 

Implicado como el que más, ayuda en los cursillos de nuevos árbitros y guarda en su mente cada una de las reglas que luego debe hacer cumplir en el terreno de juego. El arbitraje gana mucho con una persona así, que además de llamarte compañero, te llama “amigo”.

 

La semana pasada disfrutó como un niño cuando le regalan un juguete al corretear en un estadio de primera como el Martínez Valero (Elche). En un futuro no muy lejano, dejará de lado el césped artificial para pisar instalaciones cada vez más míticas. Su juventud y sus ganas le avalan, su futuro es envidiable.

 

Lorenzo Ortega son los apellidos de este privilegiado del silbato. A algunos ya les sonarán, el resto que vayan familiarizándose con ellos. Su futuro una incógnita, aunque el respeto y mi admiración la tiene.

 

 

Vuelta a la tierra

 

            Respecto a las andanzas personales, el pasado fin de semana fue sospechosamente tranquilo. Algunas gotas de lluvia amenazaban con complicar un duelo de infantiles entre “Maristas” y “Dama de Elche”. Dos equipos muy bien plantados que lucharon lo indecible por una victoria que consiguió el equipo local (Maristas), por 2-0. Desde el punto de vista arbitral, la colaboración de los jugadores ayudó a que nada saliera de su cauce. Tan sólo destacar la vuelta a una superficie de tierra, tras varias semanas en las que el césped artificial había sido el hábitat. La calma momentánea hace preveer futuras citas complicadas ¡Qué haya suerte!

 

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