Juicio justo

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              El pasado fin de semana, otro episodio surrealista sacudió la categoría “preferente” del fútbol español.

 El partido lo disputaban los equipos del Torrellano y el Calpe. El marcador final fue de 4-2 para el equipo local (Torrellano). El colegiado del encuentro, el señor Antonio Zornoza Parres, al finalizar el  partido expulsó a dos jugadores del Calpe por motivos que se desconocen, pero seguramente se debiera a algún improperio fruto de la frustración tras la derrota. Hasta aquí todo normal, lances del juego.

 

Lo que se sale de la norma es lo que ocurrió alguna hora después, cuando el árbitro se personificó en la comisaría de Elche, la más cercana a Torrellano, para denunciar al delegado del Calpe, don Vicente Martínez por “agresión”.

 

No es habitual que un partido de fútbol acabe en un proceso judicial. En los instantes que separan el final del partido con la denuncia en comisaría, ocurrieron unos hechos que voy a intentar esclarecer.

 

En España existe la presunción de inocencia, por lo que me dispongo a analizar los acontecimientos como si de un juicio se tratase, con las opiniones de ambos bandos, que por supuesto son contradictorias:

 

Árbitro (Antonio Zornoza Parres): “Nunca me había pasado algo así en los nueve años que llevo en el arbitraje. Al término del partido, el delegado del Calpe me ha agarrado por el cuello y me ha amenazado. Después me he mareado y me han tenido que asistir en el propio campo.”

 

Delegado del Calpe (Vicente Martínez): “Yo no he agredido a nadie. Al término del partido ha expulsado a dos jugadores míos y se ha montado un revuelo importante. Yo únicamente he ido a separar a mis futbolistas y le he dicho al árbitro que no nos perjudicara para el siguiente partido porque ya lo había hecho bastante en éste.”

 

Tras las testificaciones de acusado y demandante, siguiendo en el símil judicial, añado algún dato con tinte interpretativo que debería tener en cuenta el hipotético jurado de este caso:

 

1. Vicente Martínez realizaba las labores de entrenador, pero al no tener ficha, debía ser inscrito como delegado.

2. El a posteriori polémico partido era el último que dirigiría el “entrenador” del Calpe, puesto que sería relevado de cara a la jornada siguiente. Es posible que la noticia afectara al presunto agresor a la hora de realizar cualquier tipo de comportamiento.

3. Salvo problemas psicológicos, es difícil que un árbitro tenga tal capacidad de invención como para imaginar una situación semejante y atreverse a denunciarla.

4. El hecho de que durante el partido las decisiones del colegiado no favorecieran los intereses del Calpe, suponen un posible móvil para la agresión.

 

         Escuchados los testimonios y las matizaciones, que cada cual saque sus conclusiones.

 

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