“Te voy a matar, hijo de puta”

 

¡Te voy a matar, hijo de puta! Estas son las palabras textuales con las que el jugador portugués del Valencia, Miguel, se dirigió al asistente de Clos Gómez tras ser expulsado en el partido de copa del rey que el equipo che disputó en Santander frente al Racing. 

El lateral luso suma de esta forma otro caso más a su lista de excentricidades desde que aterrizó en tierras valencianas. El portugués es sin duda un jugador peculiar; capaz de compatibilizar el tabaco y las salidas nocturnas de los jueves con el deporte de élite, diestro a la hora de celebrar fiestas de cumpleaños “memorables” junto con su hermano y su compañero Manuel Fernandes.

 

Clos Gómez es un árbitro de corta trayectoria en primera pero que se ha ganado un nombre. Anticasero, de cal y arena, o lamentable han sido algunos calificativos que se han acuñado para definirle como como colegiado, pero lo cierto es que ha logrado por méritos propios el derecho a ser árbitro internacional.

 

Respecto a la actuación de ayer, hay crónicas de diarios valencianos que la tachan de nefasta, o encuestas que acusan al colegiado de forzar las dos expulsiones (la mencionada de Miguel y la de su compañero Vicente), pero también hay otras, quizá más objetivas, que evitan justificar el comportamiento del futbolista portugués.

 

La reacción del valencianista es incomprensible. Un calentón o un error arbitral en la señalización de la falta que propició la expulsión no justifican esa actitud. Minutos antes de su enajenación mental transitoria, el lateral zurdo del Valencia cometió un fallo garrafal al cometer un penalti absurdo que pudo costarle caro a su equipo. ¿Qué hubiera pasado si algún compañero, rival o el propio árbitro hubiesen amenazado de muerte a Miguel por esa acción? Todos cometemos errores, y no merecemos morir por ello.

 

También quiero reseñar la cordura, que la hubo, dentro de este desafortunado asunto. Tanto la actitud de Unai Emery (entrenador del valencia), sujetando a su jugador tras la acción, como las posteriores disculpas del futbolista suponen actos elogiables.

 

No obstante, la sanción debería ser ejemplar. No sólo del comité de competición, sino también del propio Valencia, para evitar que situaciones así vuelvan a recuperarse. Emery, en mi opinión, estuvo acertado tras la jugada, pero no en la rueda de prensa , en la que intentó justificar el comportamiento del jugador.

 

¡Matemos a los árbitros, que con insultarles no es suficiente!

 

miguel_emery070109

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