De su padre y de su madre

 

Alberto, Luis, Eduardo, Carlos, Fernando , David…todos estos son nombres de árbitros, ¡pero no de benjamines ni alevines, sino de primera división! Adivino la cara de extrañeza de muchos, pero es la realidad. Lo que ocurre es que normalmente no decimos: “El derby lo pita Alfonso”, sino que afirmamos: “El derby lo pita Pérez Burrull”. Apostaría a que mucha gente no conoce el nombre de la mayoría de colegiados, pero sí les suenan los dos apellidos. Para entender el por qué ocurre esto hay que remontarse varias décadas…

 

La dictadura franquista envuelve el país. Las fuerzas de seguridad limitan  la libertad de expresión. En los bares y en lugares de reunión no se permite mencionar a Franco, el caudillo, en vano. La oposición usa la blasfemia a escondidas, siempre bajo sospecha. El miedo entumece el ambiente del país, y el fútbol sirve de entretenimiento. Los aficionados acuden a los estadios para ver partidos en color. Los árbitros, conocidos por su nombre de pila ya son, por entonces, diana de numerosos improperios.

 

En este contexto, aparece un árbitro llamado Franco. ¡Franco, cabrón!, ¡Franco muérete! Estas frases comienzan a oírse allá donde el tocayo del caudillo acude con su silbato. Rojos y comunistas se disfrazan de aficionados y llenan las gradas para poder mencionar esas palabras prohibidas, bajo el paraguas de una justificación. Los insultos al árbitro aparecían antes incluso de que cometiera un error.

 

La situación se torna inquietante para el caudillo, que obliga a nombrar a los árbitros por sus apellidos. Actualmente, sin presión de ninguna dictadura, la tradición se mantiene. Esta primera versión es mi preferida. La segunda es mucho más rebuscada.

 

Hay otros que afirman que el motivo del uso de los dos apellidos es bien diferente. Cada árbitro es de su padre y de su madre, y como tal, hereda un apellido de cada uno de ellos. En los campos de fútbol, los aficionados recuerdan a menudo la figura de la madre del colegiado (¡árbitro eres un hijo de p…!), y por ello en el pasado se pensó que el apellido de la mujer debía mencionarse.

 

Sea como fuere, Iturralde González jamás será conocido como Eduardo, ni Mejuto González contestará al ser llamado Enrique. No deja de ser una graciosa anécdota interesante de mencionar en el parón navideño. Yo me estoy habituando a ser Ponce Becerril, espero no olvidar mi nombre.

 

PD: ¡¡Feliz año nuevo a todos los lectores!!

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2 Respuestas a “De su padre y de su madre

  1. Me comentó una vez un amigo que aunque fueras bueno arbitrando, si no tenías apellidos de “árbitro” nunca llegarías lejos. De momento los tuyos suenan a árbitro: Ponce Becerril. ¿O quizás a torero? Bueno, en realidad, es lo mismo.

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