Preparación, dureza y alivio

pruebas 

 

El verano se agotaba, pese a que el bochorno seguía intacto en el ambiente. El inicio de las diferentes competiciones ligueras estaba cada vez más próximo y la desconexión durante el periodo estival me asustaba; alguna pachanga con los amigos y varios largos en la piscina mis únicos esfuerzos físicos en tres meses. El silbato y las tarjetas estaban apartados desde Mayo. ¡Esa dejadez tenía que pasarme factura!

 

Recibí noticias del comité de árbitros: “Convocatoria para las pruebas técnicas y físicas”. Era la primera vez que acudiría a un test semejante. Confiaba en que se tratara de un trámite, sin muchas exigencias. ¡Qué ignorante! Debo aclarar que como árbitro de futbol base, me jugaba mucho menos en aquellas pruebas que otros colegiados, y eso me tranquilizaba.

 

El trayecto hasta la ciudad deportiva no se prolongó más de diez minutos. La multitud se agolpaba en busca de un número. Pocos transmitían mi inexperiencia. Me limité a  esperar y escuchar: ¡este año han cambiado, son 2000 metros en 8,30, es más difícil! ¡Prefería el sistema anterior, y con el verano que me he pegado no se si las pasaré! Oír este tipo de frases sacó de mi interior un nerviosismo ausente hasta entonces, pero nada del otro mundo. Éramos más de 100 atletas, aunque en aquel momento no se si merecería denominarme así. Mi número era el 28, por lo que sería de los primeros en acabar.

 

La prueba escrita no me sorprendió. Unas cuantas preguntas tipo test. No había estudiado, me basé en mi intuición. Lo peor venía después. El sofocante calor denotaba que aún no eran ni las cinco de la tarde. Entendí entonces porqué algunos preferían un número posterior. No era la hora idónea para correr, y lo noté ya en el calentamiento. Un par de vueltas a trote, algún sprint y varios estiramientos fueron suficientes para hacerme jadear.

 

La prueba de velocidad fue la que me aportó moral. Seis tandas de 40 metros que pasé con nota. Me veía más rápido que otros. Luego entendí que ahorrar esfuerzos no habría sido mal consejo de cara al test de resistencia.

 

Las condiciones eran claras. Había que dar cinco vueltas a las pistas de atletismo (2000 metros), antes de ocho minutos y medio. Del grupo de 30, tan solo uno no superó las pruebas de velocidad, el resto nos dispusimos a pasar una mini agonía. Ya en los primeros metros entendí que no se trataba de un trámite. Me situé en la cola del grupo, pese a llevar una buena velocidad. No había pasado una vez por meta y las piernas mostraban pesadez, aunque lo peor era la sensación de cansancio, que poco a poco se convirtió en agobio. Instantes después me entró la típica sensación de que el final no llega nunca. Estaba exhausto y quedaba medio recorrido. ¡Nunca pensé que 2000 metros fueran tan largos! Mi mente tan solo pensaba en acabar, y mi cuerpo rogaba dejar de correr. La única referencia temporal eran las voces de los que animaban en las gradas esperando su turno, puesto que mi inexperiencia no me llevó a pensar que necesitaría un cronómetro.

 

El final se acercaba. Al pasar la cuarta vez por meta oí que quedaba un minuto diez. No me dio tiempo a pensar si era mucho o poco tiempo. Aceleré el ritmo, adelantando a varios rezagados más, aunque el grupo de cabeza estaba lejos. Me habían dicho que si no las superaba la repesca sería en Valencia. Ese pensamiento me llevó a sacar fuerzas de donde no las había para aguantar el sprint algún que otro metro más.

 

Quedaban 200 metros y ya no podía dar más de mí. Tan solo quería entrar en la meta, me daba igual el tiempo, y descansar mis extremidades inferiores. La sensación de paz al volver a respirar fue impagable. Algunos llegaron después que yo, aunque fueron una minoría. 8,36 fue la cifra final. Seis segundos parece poco tiempo, pero yo había dado todo lo que pude. Me quedo con la experiencia. ¡El verano que viene será muy distinto!

 

Esta narración, de la que pido disculpas por su extensión, es motivo de que el próximo sábado se celebran las pruebas físicas para árbitros. Este tipo de ejercicio no acontece sólo una vez al año, por lo que los colegiados están obligados a entrenarse y cuidar su físico de forma constante. Yo no me someteré a ellas, puesto que es para árbitros de superior categoría, pero estaré allí para animar y adquirir experiencia para cuando me toque.

 

Difícil época para cuidar la línea, entre polvorón y polvorón. Muchos árbitros habrán tenido que evitar excesos estos días festivos, sino quieren vivir la misma experiencia que Daudén Ibáñez. ¡Suerte para ellos! ¡Feliz navidad para todos!

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3 Respuestas a “Preparación, dureza y alivio

  1. Creo que te has equivocado, son series de 40 no 400 ¿no?
    La verdad es que al empezar en fútbol base las pruebas tampoco hacen mucha falta.
    Hiciste la última vuelta muy rápida comparada con las demás 1’16. Me acuerdo que yo las hice en 7’40, aunque no estuve muy fino ese día y tampoco corrí al máximo 😛

  2. Pingback: Convención y despedida « Don Quijote de la cancha·

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