RUTAS PARALELAS

Innumerables escenarios han pasado a la historia por albergar a personajes que se han desenvuelto en ellos. Entornos artificiales y verídicos se han convertido en míticos por algún hecho real o novelado que haya sucedido allí. Un personaje ficticio como Don Quijote pasó por un lugar real como La Mancha, haciendo mella en la historia de esta región para la eternidad. La moraleja extraíble es que las buenas historias no solo necesitan héroes, villanos y aventuras envueltas en una historia de amor, sino que además requieren un espacio geográfico dónde desarrollarse.

 

El ingenioso hidalgo cruzó en sus dos primeras salidas todo el camino real, rodeando la mayoría de lugares manchegos, que en la actualidad se han unido formando una ruta turística e histórica en memoria del valeroso caballero; Puerto Lapice es un municipio limítrofe con la provincia de Toledo, lugar propicio para las encrucijadas, donde Don Quijote tuvo su primera aventura con un Vizcaíno que se dirigía a Sevilla. Los Montes de Toledo también fueron testigo del paso del caballero andante y su escudero, concretamente el pueblo de Consuegra, donde descansa el cuerpo del pastor Grisóstomo. Solana del Pino, zona de montes pelados y bosques, no faltó a la cita de las peripecias de Don Quijote. Durante el largo viaje los aventureros se toparon con todo tipo de obstáculos, como el río Guadiana, que cruzaron a través del puente de los batanes. En el recorrido por la geografía del Quijote no hay que olvidar dos lugares como son el pueblo de Almoradiel, natal del caballero y su acompañante Sancho Panza, donde comienza y acaba la historia con la muerte del valeroso caballero, y  El Toboso, poblado de la amada Dulcinea.

Ya en su tercera salida, los aventureros se dirigen hacia Barcelona y Zaragoza, recorriendo lugares míticos como la cueva de Montesinos, y la zona de Alcalá de Ebro, que escenifica la ínsula Barataria que Sancho y Don Quijote creyeron dirigir, engañados por los habitantes de la ínsula.

 

Un árbitro de futbol base en Alicante también puede establecer una ruta compuesta por la inmensidad de campos que recorre a lo largo de las semanas. Estadios de tierra como el de San Juan , o de hierba inmaculada como los de Mutxamel o Monforte. Estadios coquetos y con gradas pegadas al césped como el del Cabo, u otros mucho más espaciosos y tranquilos como el de Campello, Monte Tosal o la ciudad deportiva. Inmensidad de espacios futbolísticos capaces de albergar aventuras semejantes a las de Don Quijote a lo largo de sus andanzas.

 

En las aventuras de Don Quijote no falta tiempo para el reposo en las numerosas ventas situadas a lo largo del recorrido, como la de Maritornes, donde Sancho fue manteado, o la venta nueva, que sirvió de hospedaje al fiel escudero cuando portaba a Dulcinea la carta entregada por su amo. En los campos de fútbol las ventas se convierten en vestuarios, donde se reposa en los instantes previos y posteriores a los partidos, e incluso en los descansos de los mismos. Algunos son más pequeños, con lo indispensable, como los de la tómbola, San Gabriel o Babel. También los hay grandes y cómodos, como los de Villafranqueza, y peligrosos, como el de Monforte, donde a la llegada se avisa al árbitro de los numerosos robos que se producen en su interior.

 

Campos de fútbol y vestuarios son los escenarios de la historia de Don Quijote de la cancha. Lugares no menos exentos de aventuras que las ventas y terrenos manchegos explorados por su legendario homónimo de la Mancha.

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