Uno, dos, tres, cuatro

30 03 2009

 

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Muchos recordarán haber visto las imágenes de un partido celebrado durante la copa América de Paraguay en 1999 entre las selecciones de Argentina y Colombia, en el que se señalaron hasta cinco penaltis, tres a favor de Argentina y dos a favor de Colombia, y curiosamente sólo uno se transformó en gol. Aquel día, el delantero argentino Martín Palermo pasó a la historia por convertirse en el jugador que más penaltis fallaba en un mismo partido: no contento con enviar el primero al larguero y el segundo a las nubes, el ex jugador del Villarreal y Boca Juniors quiso resarcirse en la tercera pena máxima pero encontró entonces al portero colombiano.

 

Este fin de semana ha ocurrido algo similar, pero con mayor efectividad: en el encuentro de segunda división entre el Sevilla Atlético y el Murcia, el colegiado Lesma López señaló cuatro penaltis, tres a favor de los sevillanos y uno a favor de los murcianos. Ninguno de los lanzadores quiso emular a Palermo y los cuatro acabaron en gol para un resultado final de empate a tres, aunque el último de ellos, el que suponía la igualada definitiva del Sevilla Atlético fue transformado tras el rechace del portero. Lo inédito del partido no es la cantidad de penas máximas totales, sino el intervalo de tiempo en que éstas se produjeron: el primer penalty sucede en el minuto 65 de partido, y el último en el 83, lo que quiere decir que en tan sólo 18 minutos se condensaron los cuatro lanzamientos desde los 9,15.

 

Otro dato curioso es que los tres penaltis favorables al filial del Sevilla fueron cometidos sobre el mismo jugador, Pouga: el primero de ellos en el minuto 65 con 0-2 a favor del Murcia fue transformado por Armenteros. El segundo, cinco minutos después (70), encontró la red tras el lanzamiento de José Carlos, mismo jugador que lanzaría el tercero en el minuto 83, aunque en esa ocasión necesitó del rechace del portero para igualar el tercer gol murciano logrado por Bruno también de penalti pocos minutos antes (74).

 

Lo gracioso es que Lesma López tan sólo había señalado cuatro penaltis en los anteriores quince partidos, cifra que dobló el sábado. En total el madrileño suma ocho y se sitúa como el colegiado que más penas máximas señala superando las siete de Ceballos Silva. Nacido en 1976, debuta este año en segunda división y no se caracteriza por pasar desapercibido: querido por algunos que incluso le dedican piezas poéticas (ver al final de la entrada) y criticado por algunas aficiones (Hércules, Alavés, y ahora la del Murcia) que empiezan a familiarizarse con su nombre.

 

 

Agresión a un menor

 

No quiero dar importancia pero tampoco dejar de denunciar nuevos actos violentos que se han producido este fin de semana con un colegiado de por medio: los hechos han acaecido en la primera regional malagueña, en la que el árbitro asistente que responde a las iniciales de A.M ha sido agredido a paraguazos en los últimos minutos del partido entre el Alozaina y el Junquera por un aficionado. La víctima padece latigazo cervical y varias erosiones. Lo peor es que el asistente tan sólo tenía 17 años. Luego hay quejas sobre la falta de gente dispuesta a arbitrar…

 

 

Prosa a Lesma López

 

*No es habitual que se haga prosa en honor a un árbitro. Al menos es original. En honor a Lesma López:

 

Minuto noventa,
partido empatado.
El público ruge,
ataca el local.

Sin jueces de línea,
el hombre de negro,
honesto y valiente,
espera el final.

Ya todo se acaba
y el nueve muy pícaro,
se tira en el área
buscando sea foul.

El entorno vibra
y exige una cosa:
que el hombre de negro,
conceda penal.

Pero él no se achica.
Se le acerca al nueve
y con voz segura
lo va a conversar.

“Señor, no simule,
que aunque salga muerto,
es tiro indirecto:
de acá para allá”.





Atuendo

28 03 2009

 

La semana anterior expuse en que constaba un acta. En este caso voy a hacer lo propio con el resto de material arbitral que forma parte la bolsa de deporte que cada partido acompaña a un colegiado:

 

-Camisetas: Para estas fechas de entretiempo, todavía es necesario usar la de invierno: manga larga, color negro y con bordados rojos. La de manga corta, por su parte, luce un tono gris en su totalidad. Las dos suelen estar presentes en la bolsa de deporte, por lo que al llegar al campo hay que decidirse por una: la temperatura y la estética, al menos en mi caso, son los factores que me llevan a decantarme por una u otra, y no tanto la superstición (conozco casos en que es así). Este año he usado más la negra aunque curiosamente me agrada más la gris.

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-Pantalón: En este caso no hay variedad. Son negros y cortos. La principal características es que tan sólo tienen un bolsillo con cremallera en el costado derecho y otro en el mismo lado de la parte trasera. El lateral lo utilizo para guardar la moneda con la que realizo el sorteo previo al partido en el que se decide el equipo que saca de inicio y la parcela de campo que ocupa cada uno de ellos.

 

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 -Calcetas: No tienen gran misterio. De color negro en su totalidad, a juego con los pantalones.

 

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-Botas: Tras cinco meses de temporada pisando césped o tierra empiezan a mostrar signos de deterioro: algunos tacos desgastados y cordones mínimamente deshilachados. Son de color negro adornadas en los lados por dos franjas blancas. Mantienen un apoyo firme en el desplazamiento.

 

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-Marca: Puma viste a los árbitros de fútbol base. Camiseta, pantalón, calcetas y botas lucen el característico logotipo del tigre.

 

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-Cronómetro: Personalmente, prefiero que sea pequeño y de color neutro. En mi caso es negro. Lo utilizo únicamente para los partidos o los entrenamientos. Es un elemento indispensable a la hora de contabilizar el tiempo del partido.

 

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-Silbato: Me acompaña por segundo año. Marca fox 40, negro. Muchos árbitros no tienen pegas en portar silbatos de diferentes colores, no existe una norma al respecto. Atado a una pequeña cinta que permite colgárselo al cuello (por ejemplo en el momento del sorteo inicial) o enredárselo en la mano (a lo largo del partido) para que ésta no sea visible. Lo más importante es que el sonido sea agudo y contundente. En muchas ocasiones la intensidad a la hora de hacer sonar el silbato muestra la personalidad del árbitro.

 

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-Tarjetas: También llamadas cartulinas. Son rectangulares y no muy grandes, pues deben caber en el bolsillo de la camiseta. Una de color rojo (expulsiones) y otra de color amarillo (amonestaciones). Ambas en el centro lucen el logotipo del comité de árbitros.

 

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-Ficha de incidencias: Llamo así al lugar donde los árbitros apuntan cada lance del juego (sustituciones, goles, amonestaciones, expulsiones, motivos, minutos) que luego deben aparecer en el acta. Existe mucha libertad al respecto. Personalmente utilizo una maqueta en la que los apartados mencionados aparecen delimitados. El tamaño debe ser similar al de las cartulinas para caber en el bolsillo de la camiseta.

 

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-Nada más: Este apartado se refiere a que la indumentaria del árbitro no puede ampliarse más allá de lo estipulado. Los piercing, colgantes, pulseras, alianzas y cualquier otro tipo de objetos quedan prohibidos para los jugadores, y por tanto también para los colegiados, que deben dar ejemplo. 

 

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Pincelada informativa

 

El domingo a las 19:30 horas, en canal plus, se estrena el documental “el árbitro”. Hace unas semanas anticipé en que consiste esta iniciativa pionera que narra las experiencias del colegiado de primera Pérez Lasa en dos partidos de la temporada pasada. Invito a los amantes del fútbol a no perdérselo.





A ciegas

23 03 2009

 

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Esta semana tocaba derby. Los dos equipos de San Blas de juveniles del grupo 14 se veían las caras con motivaciones muy distintas: El San Blas “C” lideraba la clasificación y  se presentaba como favorito mientras que el San Blas alto contaba con la ventaja de jugar como local pero su última posición en la tabla les impedía ser optimistas.

 

Desde el punto de vista personal gozaba de dos factores a mi favor: por primera vez en mucho tiempo no tenía actividad prevista para la mañana del sábado, por lo que contaba con tiempo suficiente para mentalizarme y descansar hasta las cinco de la tarde en que comenzara el encuentro. El otro aspecto favorable era que ya había dirigido a los dos equipos durante la temporada, lo que suponía una notable ventaja.

        

Sabía perfectamente lo que me iba a encontrar: un campo de tierra coqueto, escondido y rodeado de matorrales y unos vestuarios sin luz y agua caliente. Antes del partido bromeaba con el conserje acerca de ese hecho: “Si tienes suerte y a las 7 cuando acabe el partido ha anochecido darán la luz y no te tendrás que duchar con la puerta abierta” me decía, a lo que yo le respondía con una sonrisa complaciente. Como he dicho, sabía lo que me iba a encontrar.

 

Al poco de llegar al vestuario comenzaron los problemas: mientras ordenaba la equipación y me disponía a empezar con la redacción del acta, escuchaba a los integrantes del San Blas “C” comentar que habían olvidado las fichas: ¡Vaya lío! El delegado no tardó en trasladarme el problema. No quedaba más remedio que pedir el DNI de cada uno de los jugadores y técnicos del equipo, con los problemas que ello conlleva: uno lo ha perdido, a otro se lo han robado, otro lo tiene en su casa, otro trae el pasaporte… Una vez reunidos todos los DNI, hay que numerar a los jugadores y hacerles firmar para la posterior comprobación con sus respectivas fichas federativas. Lo que debía ser una previa tranquila se convirtió en una frenética cuenta atrás hasta las cinco de la tarde. Estaba sudando y aun no había comenzado el partido.

 

Ya en el terreno de juego, pronto se puso de manifiesto cual iba a ser la tónica del duelo: el San Blas “C” volcado al área buscando el gol mientras que los locales esperaban agazapados algún contraataque. El juego no era muy vistoso, pero al menos no había muchos encontronazos. El empate se mantuvo hasta que un error del San Blas alto fue aprovechado por uno de los delanteros visitantes. Tras el gol, se caldeó el ambiente y el árbitro comenzó a estar en boca de aficionados y jugadores, aunque la cercanía del final de la primera parte evitó problemas mayores.

 

En el descanso tocaba hacer balance: resultado ajustado, lo que mantendría la emoción y la intensidad en la reanudación y dos tarjetas, las dos para los locales y las dos por reiteradas protestas, una al capitán y otra al delegado. Era previsible que alguno no acabara el partido, o incluso los dos, como así fue. Como anécdota, el delegado del San Blas “C” me traía las fichas. ¡A buenas horas! Tocaba comprobar que todos los DNI correspondieran con sus respectivas licencias federativas. Todo correcto.

 

Era previsible que la segunda parte fuera complicada, y los problemas no tardaron en llegar. A los dos minutos, el capitán local, previamente amonestado, realiza una dura entrada sancionable con amarilla y deja a su equipo con diez. Comienzan entonces los gritos desde la grada, “árbitro te has cargado el partido”, con todavía muchos minutos por delante.

 

La dureza aumenta. Las amonestaciones se suceden, en su mayoría contra los jugadores locales. Con el paso de los minutos, la diferencia en el marcador crece y se dispara hasta un 0-5 que desquicia a alguno de los jugadores del San Blas alto. Uno de ellos, en los últimos minutos se desentiende del balón y golpea a un contrario con intención de hacerle daño: no hizo falta ni decirle que abandonara el rectángulo de juego, puesto que lo hizo por su propia iniciativa sin ni siquiera girarse para ver la tarjeta roja.

 

Se aproximaba el final del partido y el marcador ya no se movería, pese a que los visitantes fallaron un penalty señalado por un derribo en el área. Con el pitido final, los abucheos, quejas, insultos e improperios se centraron en el árbitro. De camino a la caseta, el delegado puso la guinda al partido: “Eres un tarugo”, me dijo, convirtiéndose en el tercer expulsado de la tarde.

 

El interminable trecho que separa el campo del vestuario culminó con el recibimiento del conserje: “Siempre nos traen árbitros tan malos”. Sin contestación le pedí las llaves y cerré la puerta. Afortunadamente había luz en el vestuario y no tuve que rellenar el acta a ciegas.

 





Muñiz, el “engominado”

20 03 2009

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         César Muñiz Fernández, colegiado internacional de primera división, es más conocido por su gomina que por su buen hacer con el silbato. “El engominado” para los medios de comunicación, nacido en Bruselas hace 38 años, es el único árbitro de la categoría que no es español, aunque sus padres si lo fueron y pronto le trasladaron a tierras asturianas donde ha transcurrido su vida. Inició su carrera arbitral en el comité asturiano a los 16 años siguiendo los pasos de su padre, José María Muñiz Farpón, ex árbitro  asistente internacional. Cumple su novena temporada en la máxima categoría del fútbol español, con 150 partidos en su haber que en 2007 le llevaron a la internacionalidad.

Los anteriores parecen méritos suficientes para ganarse el respeto del país, pero su nombre no llega a los titulares salvo que le toque dirimir algún partido polémico como el del pasado sábado en San Mamés entre el At. Bilbao y el R. Madrid. No voy a juzgar su actuación del otro día en el que hubo 14 tarjetas y tres expulsiones. El propio Muñiz declaró que el del sábado fue el partido más difícil de su carrera, y no es para menos: tensión, dureza, agresividad, salvajismo, violencia…muchos son los calificativos para ese partido. Desde el pitido inicial los leones sacaron sus garras y su rival no se amilanó, y como resultado de un duelo de semejante fiereza surgieron enganchones y encontronazos de todo tipo que el colegiado intentó detener lo mejor que pudo. Haciendo un símil, sería semejante a cuando dos fieras se enzarzan en una disputa y es imposible separarles. Para el colegiado fue imposible detener la batalla campal del sábado.  A mí no me hubiera gustado estar en su pellejo.

 

Un compañero probó con analizar las innumerables jugadas polémicas desde la imparcialidad y la tranquilidad de las imágenes repetidas. Desde los medios madrileños y sobre todo vascos, e incluso desde el propio club (At. Bilbao), se apartó la imparcialidad y se entró en la desconsideración: no faltó la petición de nevera, los insultos, las quejas…También han querido opinar los medios catalanes, aprovechando que Muñiz arbitra esta jornada el Barça – Málaga para lanzar sospechas prematuras, titulares dañinos, encuestas malintencionadas y parodias satíricas. El colegiado intenta aislarse de este ambiente para tener una buena actuación en el Camp Nou. Espero que así sea, sino, temo la reacción…

 

El At. Bilbao se siente perjudicado por el partido del sábado, ¿y el árbitro? Me explico. El club vasco sólo perdió tres puntos, pero Muñiz Fernández quizá dilapidó sus opciones de ser el elegido para dirigir la final de copa. Las predicciones apuntaban al “asturiano” o al madrileño Rubinos Pérez (también internacional pero que cuenta con menor experiencia) como mejor colocados, sin olvidar a Medina Cantalejo, que se despide esta temporada y podría ser premiado con la final copera. Teniendo en cuenta que los contendientes de la final son  At. Bilbao y Barcelona, no sorprende que desde ambas ciudades, sobre todo la primera, se hayan iniciado cruzadas para evitar por todos los medios que Muñiz esté en ese partido. Una vez más, un solo lance se antepone a toda una trayectoria profesional. Me parece que Muñiz Fernández tendrá que espera la final de copa del año que viene.