Los visitantes triunfan guiados por el viento

29 01 2009

 

 

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Miro mi pie para asegurarme de que está sobre el freno. El coche permanece parado mientras espero la luz verde del semáforo, pero el viento consigue que se tambalee ligeramente. “Fuera del vehículo el soplo de aire debe ser intenso”, pienso al ver el continuo movimiento de los árboles. Las carreteras se llenan de palmeras arrancadas de cuajo, hojas amontonadas y contenedores víctimas de la corriente. La preocupación me invade en el trayecto hacia el campo de florida Babel, donde la suerte me había deparado arbitrar esta semana.

Ya en el estadio, los dos equipos me reciben con un ansia manifiesta. Desean saber si el partido se va a jugar. “Al menos lo intentaremos”. Me introduzco en el vestuario. Empiezo a mentalizarme mientras oigo el agudo sonido del viento impactar contra la puerta mal cerrada que se mezcla con los rumores de los delegados que hablan acerca de muchos partidos que se han suspendido porque la superficie era de tierra. Por suerte o por desgracia, el campo de Babel es de césped, y el encuentro comenzará a la hora prevista (11:15).

Los equipos infantiles de “La Voz” y “Playas de Alicante” saltan al terreno de juego dispuestos a luchar contra el viento y el adversario. Los 450 gramos de cuero esférico ceden ante las ráfagas de aire que aparecen de forma intermitente. Los efectos del balón, fruto del aire, son curiosos y el poco público valiente que observa el partido disfruta. En cada falta o córner es una odisea mantener quieto el cuero en el lugar donde ha de golpearse.

El partido transcurre con una vistosidad inesperada pese a las adversas condiciones. Los goles se suceden: el equipo visitante (Playas de Alicante), sorprende a su rival con tres tantos al poco de comienzar el partido, pero los locales saben rehacerse antes del descanso y se retiran a la “caseta” con tan sólo un gol de desventaja (3-4)

El cobijo del vestuario se agradece tras 35 minutos entre el intenso vendaval. La segunda parte mantiene la tónica de la primera; el viento no cesa, y los goles continúan subiendo al marcador: “La voz” culmina la remontada y se sitúa 5-4, pero en los minutos finales la situación se revierte y el “Playas de Alicante” vence el encuentro (6-8). Partido entretenido, y plácido desde el punto de vista del árbitro, si no fuese por la “ligera brisa”.

A las 12:45 comenzaba el segundo envite. El sol asomaba pero seguía luchando en inferioridad de condiciones contra el viento. En esta ocasión se enfrentaban el Betis Florida y el Intango, en la categoría de alevines. Los cuerpecitos de los chavales de once años eran como marionetas, y el balón continuaba rodando por el césped al antojo de la ventisca.

El resultado final fue de 0-5 para el Intango, que se mostró superior en la segunda parte, en la que marcó cuatro de los goles. No hubo que reseñar ninguna jugada polémica.

La ducha caliente posterior al esfuerzo y el refugio contra el frío al llegar a casa fue lo mejor de una jornada marcada por dos triunfos visitantes





La rutina de una doble batalla

22 01 2009

 

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La rutina se repite jornada tras jornada. Los movimientos se automatizan. Localizado el escenario de las aventuras, aparco a Rocinante junto a la instalación y me dispongo a conocer a los habitantes de ese recóndito lugar llamado polideportivo. Este sábado, la suerte o la desgracia habían deparado al barrio “tómbola” como testigo de dos batallas; una primera entre los alevines del Tómbola y el Eldense y otra posterior concerniente a los infantiles del Tómbola y de Salesianos don Bosco.

 

La conserje del lugar es la encargada del recibimiento. Su amabilidad se agradece al otorgarme las llaves de la venta. Deposito mis enseres en ese habitáculo pequeño, “mi casa durante las próximas horas”; una silla desgastada frente a una mesa de reducidas dimensiones, un lavabo en evidencia por el paso del tiempo y una ducha sin agua caliente. Ese es el gélido entorno que envolverá mi estancia en la venta.

 

Aun resta más de media hora para el primer duelo de la jornada, previsto para las 09:15, tiempo suficiente para realizar las tareas previas pertinentes. Me preparo el atuendo arbitral a la esperar de oír resonar la puerta, algo que no tarda en ocurrir. Los delegados de ambas escuadras me presentan una especie de cuaderno, conocido en el argot como “fichas”, donde aparecen los contendientes elegidos para abrir las hostilidades en el terreno de juego.

 

Las mencionadas fichas me servirán para rellenar el documento oficial, llamado “acta”. Cada jugador aparece etiquetado con su respectivo nombre y DNI. Se trata de un trámite que me mantiene entretenido los instantes previos al espectáculo.

 

Se acerca la hora estipulada, y todo parece listo para salir al exterior. Los líderes de los dos equipos, que llamaremos “capitanes”, pasan por la venta a estampar su firma.

 

Los alevines del Tómbola y el Eldense toman posiciones, a la espera del primer sonido de silbato. A partir de entonces, sesenta frenéticos minutos, divididos en dos partes de treinta, en los que ambos conjuntos lucharán por la victoria.

 

Desde el bando del Eldense se vive cada acción con mucha intensidad, quizá demasiada. El resultado no les es favorable, y el colegiado parece ser el culpable. La situación no mejora con el paso de los minutos: “vete a la mierda”, escucho incrédulo. Me dirijo al preparador visitante, que insiste en sus acusaciones: “lamentable, lamentable”. Sus quejas vienen motivadas por faltas a uno de sus jugadores que a su entender son punibles pero que no fueron señalizadas como tal. El proceder de la reclamación no fue el correcto y la cartulina roja asomó del bolsillo. Castigo merecido.

 

El resultado final de 4-1  dejó contentos a los locales y frustrados a los visitantes. El primer enfrentamiento había concluido y en breves momentos comenzaría el segundo.

 

El estrés aparece al acumularse la faena. En cuestión de minutos hay que cerrar el acta del primer envite y abrir la del segundo, con todos los procedimientos previos que ello conlleva.

 

A las 10:30 comienza la batalla de infantiles. El encuentro era a priori desigualado, puesto que los visitantes ocupaban la última posición de la tabla y además solo habían presentado diez fichas y jugarían todo el partido con inferioridad. El 12-1 definitivo dejó contentos a los locales por la goleada y a los jugadores del Don Bosco por haber marcado al menos el  llamado “gol del honor”.

 

Desde el punto de vista arbitral, se ponía fin a los dos entuertos del sábado, no sin dificultades, sobre todo en el primero de ellos. En algún momento oí que desde las gradas me decían, ¡loco!, entre otras muchas sutilezas. Sonreí; todos saben que la cordura no es la mejor virtud de Don Quijote.

 





Juicio justo

15 01 2009

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              El pasado fin de semana, otro episodio surrealista sacudió la categoría “preferente” del fútbol español.

 El partido lo disputaban los equipos del Torrellano y el Calpe. El marcador final fue de 4-2 para el equipo local (Torrellano). El colegiado del encuentro, el señor Antonio Zornoza Parres, al finalizar el  partido expulsó a dos jugadores del Calpe por motivos que se desconocen, pero seguramente se debiera a algún improperio fruto de la frustración tras la derrota. Hasta aquí todo normal, lances del juego.

 

Lo que se sale de la norma es lo que ocurrió alguna hora después, cuando el árbitro se personificó en la comisaría de Elche, la más cercana a Torrellano, para denunciar al delegado del Calpe, don Vicente Martínez por “agresión”.

 

No es habitual que un partido de fútbol acabe en un proceso judicial. En los instantes que separan el final del partido con la denuncia en comisaría, ocurrieron unos hechos que voy a intentar esclarecer.

 

En España existe la presunción de inocencia, por lo que me dispongo a analizar los acontecimientos como si de un juicio se tratase, con las opiniones de ambos bandos, que por supuesto son contradictorias:

 

Árbitro (Antonio Zornoza Parres): “Nunca me había pasado algo así en los nueve años que llevo en el arbitraje. Al término del partido, el delegado del Calpe me ha agarrado por el cuello y me ha amenazado. Después me he mareado y me han tenido que asistir en el propio campo.”

 

Delegado del Calpe (Vicente Martínez): “Yo no he agredido a nadie. Al término del partido ha expulsado a dos jugadores míos y se ha montado un revuelo importante. Yo únicamente he ido a separar a mis futbolistas y le he dicho al árbitro que no nos perjudicara para el siguiente partido porque ya lo había hecho bastante en éste.”

 

Tras las testificaciones de acusado y demandante, siguiendo en el símil judicial, añado algún dato con tinte interpretativo que debería tener en cuenta el hipotético jurado de este caso:

 

1. Vicente Martínez realizaba las labores de entrenador, pero al no tener ficha, debía ser inscrito como delegado.

2. El a posteriori polémico partido era el último que dirigiría el “entrenador” del Calpe, puesto que sería relevado de cara a la jornada siguiente. Es posible que la noticia afectara al presunto agresor a la hora de realizar cualquier tipo de comportamiento.

3. Salvo problemas psicológicos, es difícil que un árbitro tenga tal capacidad de invención como para imaginar una situación semejante y atreverse a denunciarla.

4. El hecho de que durante el partido las decisiones del colegiado no favorecieran los intereses del Calpe, suponen un posible móvil para la agresión.

 

         Escuchados los testimonios y las matizaciones, que cada cual saque sus conclusiones.

 





Triplete para empezar el año

12 01 2009

 

Hace más de dos meses que se puso en marcha este blog. Como primer objetivo pretendía mostrar el arbitraje como algo más cercano al público. Ahora, una vez hechas las presentaciones, y coincidiendo con el inicio del 2009, creo que es oportuno introducir de forma semanal una entrada que cuente las experiencias de mis partidos de cada nueva jornada:

 

Las navidades se despedían y dejaban paso de nuevo a la actividad. Infinidad de enfrentamientos previstos en otro frenético fin de semana. Los polideportivos volvían a albergar encuentros de todas las edades después de tres semanas sin percibir el ruido del balón.

 

La pereza acumulada durante las vacaciones creaba cierto nerviosismo ante el hecho de volver a vestirme de negro y sacar el silbato y las tarjetas del cajón. Tres aventuras me esperaban en un fin de semana que se presumía duro.

 

Las calles alicantinas amanecieron el sábado despejadas de gente. Al pisar el césped rememoré el aroma a futbol y a competición ausentes durante las últimas semanas. El frío, síntoma de la temprana hora fijada para el comienzo del partido, se convertía en un inconveniente más. A las diez de la mañana sonó el silbato por primera vez, dando comienzo el partido de alevines entre el “Obrera” y el “Arena de Alicante”. Dos equipos de la parte baja de la tabla que afrontaban un partido igualado. El exceso de turrón y polvorones durante las fiestas fue notorio en las primeras carreras, al igual que el agarrotamiento producto de la baja temperatura. El encuentro comenzó embarullado, sin ocasiones y sin goles en la primera parte. En la reanudación, los equipos se animaron a la vez que asomaba el sol. El “Obrera”, que actuaba como local, se adelantó con dos goles, imposibles de remontar para el equipo visitante pese a acortar distancias en los últimos minutos. 2-1 fue el resultado final. Partido disputado, no muy vistoso, sin muchas protestas y con solo una tarjeta, mostrada al equipo local. Un comienzo suave, preparatorio para lo que vendría después.

 

         Por la tarde esperaba una contienda de juveniles. Como expliqué en una entrada anterior, la motivación es distinta que en edades menores. El cielo oscuro enseñaba alguna gota de lluvia. “Azorín Garbinet” y “Maristas” eran los dos equipos citados para batirse en duelo a partir de las ocho de la tarde. Antes del partido se guardó un minuto de silencio por petición del equipo local (“Azorín”). Primera parte reñida en juego y posesión del balón, pero no en el marcador, puesto que el equipo visitante se adelantó en una jugada de estrategia. Galopadas por bandas y acumulación de hombres en ataque fueron las consignas del entrenador de Azorín para intentar remontar, y fruto de ello llegaron los dos tantos que dieron la vuelta al marcador en la segunda parte. Antes de esto, un penalty fallado por los locales; mano dentro del área sin apenas protestas. El resultado no se movió, pese a los intentos de Maristas por equilibrar el partido. Al final, 2-1, mismo resultado de por la mañana. El balance de la actuación arbitral es positivo; tres tarjetas amarillas para los de casa y una para los visitantes cerraron un acta de un partido en el que los dos equipos contribuyeron a que no hubiera complicaciones reseñables.

 

         Como remate al fin de semana, el domingo el despertador volvía a sonar al poco de amanecer. Los equipos infantiles de “Playas de Alicante” y “Sporting Plaza de Argel” disputaban a las diez un encuentro más desigualado a priori que los dos del día anterior. El marcador final de 7-2 para los locales (“Playas de Alicante”) manifestó una clara superioridad, sobre todo física respecto a su oponente. El primer gol llegó de penalty, al igual que el día anterior, por mano dentro del área. Al descanso se llegó con 2-1, e incluso el “Sporting” empató en la reanudación, pero el cansancio final acabó decantando el marcador de forma clara. No fue necesario sacar tarjetas, puesto que los chavales no actuaron con brusquedad. Como invitado no esperado aparecieron las agujetas, siempre presentes tras las navidades.

 

Los primeros partidos del 2009 son ya historia. Intenso fin de semana, con tres victorias de los equipos que jugaban en casa, cuatro tarjetas (tres a equipos locales, una a visitantes) y dos penaltis señalados. A partir de ahora el objetivo es mejorar físicamente para afrontar la segunda mitad de temporada en plenas facultades.